El Estado y la Cultura: supervivencia

Ningún Estado puede desarrollarse sin el apoyo de la ciencia, porque sería destruido por los Estados vecinos.

Sin el arte y la cultura general el Estado pierde el sentido de la autocrítica y comienza a estimular tendencias erróneas, engendra a cada paso hipócritas y deshechos sociales, fomenta en los ciudadanos el utilitarismo y la presunción y, en definitiva, acaba también siendo víctima de sus vecinos más cuerdos. Se puede perseguir cuanto se quiera a los intelectuales, prohibir la ciencia, destruir el arte, pero más tarde o más temprano hay que hacer marcha atrás y, aunque sea a regañadientes, abrir paso a todo aquello que tanto odian los zoquetes ignorantes que ansían el poder.

Y por mucho que desprecien el saber, esa gente gris que detenta el poder no podrá hacer nada frente a la objetividad histórica, mejor dicho, podrá frenarla pero no detenerla. Aunque desprecien y teman el saber, no tendrán más remedio que llegar a estimularlo para poder mantenerse en el poder.

Y entonces tendrán que permitir las universidades y las sociedades científicas, tendrán que crear centros de investigación, observatorios y laboratorios, tendrán que formar cuadros de hombres inteligentes y sabios, hombres que quedarán fuera de su control, hombres que tendrán una psicología completamente distinta y unas necesidades totalmente diferentes, y estos hombres no podrán existir y mucho menos obrar en el antiguo ambiente de baja codicia, chismes de cocina, presunción estúpida y necesidades puramente carnales, sino que necesitarán un ambiente nuevo, un ambiente con conocimientos generales y universales empapado de afán creador, necesitarán escritores, pintores, músicos, y la gente gris que esté en el poder tendrá que hacer estas concesiones.

Y si alguno se resiste será barrido por un oponente más astuto en la lucha por el poder. Pero el que haga estas concesiones cavará su propia sepultura, en contra de su voluntad, pero inevitable y paradójicamente, puesto que no hay nada tan mortal para los egoístas ignorantes y fanáticos como el desarrollo cultural del pueblo en todos los terrenos, desde la investigación en el campo de las ciencias naturales hasta las aptitudes para comprender y deleitarse con la buena música. Y después viene la época de las grandes conmociones sociales, acompañadas de un desarrollo inusitado de la ciencia y de un proceso amplísimo de intelectualización de la sociedad, una época en que la incultura presenta su última batalla, que por su crueldad hace retroceder a la humanidad hasta la edad media, pero en la que es derrotada y desaparece para siempre como fuerza real en el seno de la nueva sociedad, libre de la opresión de clase.

Boris Strugatski

El territorio en el que se suspende el juicio moral.

milan-kundera3Si alguien me preguntara cuál es el motivo más frecuente de los malentendidos entre mis lectores y yo, no lo dudaría: el humor. Llevaba poco tiempo en Francia y lo era todo menos un blasé cuando un gran profesor de medicina manifestó el deseo de conocerme porque le gustaba La despedida; me sentí muy halagado. Según él, mi novela es profética; con el personaje del doctor Skreta, quien, en un balneario, trata a las mujeres aparentemente estériles inyectándoles secretamente su propio esperma con la ayuda de una jeringa especial, había dado con el gran problema del porvenir. El profesor me invita a un coloquio sobre inseminación artificial. Saca del bolsillo una hoja de papel y me lee el borrador de su intervención. La donación del esperma debe ser anónima, gratuita y (en ese momento me mira a los ojos) motivada por un amor múltiple: amor por un óvulo desconocido que desea cumplir con su misión; amor del donante por su propia individualidad que se prolongará mediante la donación y, tercero, amor por una pareja que sufre, insatisfecha. Luego, me mira otra vez a los ojos: pese a la estima que siente por mí, se permite criticarme: yo no había conseguido, dice, expresar de manera suficientemente poderosa la belleza moral de la donación de una simiente. Me defiendo: ¡la novela es cómica! ¡Mi médico es un cuentista! ¡No hay que tomárselo todo en serio! ¿De modo, me dijo él desconfiado, que no hay que tomar sus novelas en serio? Me embrollo y, de pronto, comprendo: no hay nada más difícil que hacer comprender el humor.

En el «Libro Cuarto» se produce una tormenta en el mar. Todo el mundo está en cubierta esforzándose por salvar el barco. Tan sólo Panurgo, paralizado por el miedo, no hace sino gemir: sus hermosos lamentos se extienden a lo largo de las páginas. En cuanto amaina la tormenta, el valor vuelve a él y les riñe a todos por su pereza. Y esto es lo curioso: ese cobarde, ese mentiroso, ese comicastro, no sólo no provoca indignación alguna, sino que, en el momento en que es más jactancioso, más se le quiere. En esos pasajes es donde el libro de Rabelais pasa a ser plena y radicalmente novela: a saber: territorio en el que se suspende el juicio moral.

Suspender el juicio moral no es lo inmoral de la novela, es su moral. La moral que se opone a la indesarraigable práctica humana de juzgar enseguida, continuamente, y a todo el mundo, de juzgar antes y sin comprender. Esta ferviente disponibilidad para juzgar es, desde el punto de vista de la sabiduría de la novela, la más detestable necedad, el mal más dañino. No es que el novelista cuestione, de un modo absoluto, la legitimidad del juicio moral, sino que lo remite más allá de la novela. Allá, si le place, acuse usted a Panurgo por su cobardía, acuse a Emma Bovary, acuse a Rastignac, es asunto suyo; el novelista ya ni pincha ni corta.

La creación del campo imaginario en el que se suspende el juicio moral fue una hazaña de enorme alcance: sólo en él pueden alcanzar su plenitud los personajes novelescos, o sea individuos concebidos no en función de una verdad preexistente, como ejemplos del bien o del mal, o como representaciones de leyes objetivas enfrentadas, sino como seres autónomos que se basan en su propia moral, en sus propias leyes. La sociedad occidental ha adquirido la costumbre de presentarse como la sociedad de los derechos del hombre; pero, antes de que un hombre pudiera tener derechos, tuvo que constituirse en individuo, considerarse como tal y ser considerado como tal; esto no habría podido producirse sin una larga práctica de las artes europeas y de la novela en particular, que enseña al lector a sentir curiosidad por el otro y a intentar comprender las verdades que difieren de las suyas. En este sentido, Cioran está en lo cierto cuando designa a la sociedad europea como la «sociedad de la novela» y cuando habla de los europeos como «hijos de la novela».

 

Milan Kundera

Extinction Rates and Butterflies

Percentage (Q) of insect (+ spiders) groups considered to have become extinct in circa 1900–87 in relation to the percentage (U) of native species in current British lists that were unknown in circa 1900.  Least squares fitted line: Q = 8.13e-0.0996U, r2 = 0.92, P < 0.001. Squares, butterflies; circles, other groups: 1, other Macrolepidoptera (n = 900); 2, spider (n = 622); 3, weevil (n = 612); 4, hoverfly (n = 266); 5, macro-Brachyra (n = 154); 6, ant (n = 47); 7, dragonfly (n = 43); 8, grasshopper-cricket (n = 38) ; 9, mosquito (n = 32); 10, bumblebee species (n = 26).

Percentage (Q) of insect (+ spiders) groups considered to have become extinct in circa 1900–87 in relation to the percentage (U) of native species in current British lists that were unknown in circa 1900. Least squares fitted line: Q = 8.13e-0.0996U, r2 = 0.92, P < 0.001. Squares, butterflies; circles, other groups: 1, other Macrolepidoptera (n = 900); 2, spider (n = 622); 3, weevil (n = 612); 4, hoverfly (n = 266); 5, macro-Brachyra (n = 154); 6, ant (n = 47); 7, dragonfly (n = 43); 8, grasshopper-cricket (n =
38) ; 9, mosquito (n = 32); 10, bumblebee species (n = 26).

Extinction Rates and Butterflies RATES OF POPULATION EXTINCTIONS IN BRITISH invertebrates have now been measured in several different ways [(1), “Comparative losses of British butterflies, birds, and plants and the global extinction crisis,” J.

A. Thomas et al., Reports, 19 March, p. 1879] and may have relevance to estimating global extinction rates (2). We (1) have used the rate of extirpation of species from the whole of the British Isles, measured over the 20th century from the British Red Data Book (RDB), whereas Thomas et al. Use distribution changes in the last 20 to 40 years measured in about 3000 map grid cells by 20,000 volunteers. There are notable consistencies and differences in the conclusions of these two approaches.

The extinction of species from the whole of the British Isles is likely to be relatively accurately recorded: Rare species are actively sought, and only one of the 43 species recorded as likely extinct in the RDB has since been rediscovered (with a low and local population). The national extinction rate per century ranges from

0. 4% overall for the 14,000 insect species covered in the RDB to over 5% for the 60 species of butterflies and 7% for the 40 species of Odonata (the two bestrecorded taxa).

Both studies find the rate of loss of selected invertebrate taxa to be roughly the same order of magnitude as the rate of loss of plants and birds. In both studies, butterflies have a notably higher rate of loss than plants or birds, which is not a recording artifact, because these three taxa are well studied.

Given the relatively high local extinction rates of butterflies recorded by these and other studies, we disagree with the conclusion of Thomas et al. That butterflies represent good indicators for losses of other taxa. Rather, Thomas et al.’s study supports our suggestion (2, 3) that butterflies (being mostly warmth-loving and herbivorous) are atypical invertebrates that are relatively sensitive to climatic fluctuations and thus give a potentially misleading guide to extinction rates and human impacts.

CLIVE HAMBLER AND MARTIN R. SPEIGHT Department of Zoology, University of Oxford, South Parks Road, Oxford OX1 3PS, UK.

References

1. C. Hambler,M. R. Speight, Conserv. Biol. 10, 892 (1996).

2. C. Hambler, Conservation (Cambridge Univ. Press, Cambridge, 2004).

3. C. Hambler, M. R. Speight, Br.Wildlife 6, 137 (1995).

Response HAMBLER AND SPEIGHT SUGGEST THAT butterflies have experienced amplified extinction rates in Britain, and thus their widespread use as indicators of change in insects (1, 2) is inappropriate. We consider this argument to be flawed, because of an artifact of recording.

It is widely accepted that comparisons of the proportion of species believed to have become extinct in different taxonomic groups will be biased if the groups being compared experienced different levels of past recording (1, 3). This occurs because the early species lists for undersampled groups contain a disproportionately high representation of common widespread species (4), and it is the rare and local species in a taxon, which tended not to have been recorded in the first place, that are especially prone to extinction (1, 3). McKinney (5) quantified this artifact in six groups (mammals, birds, molluscs, crustaceans, insects, and marine invertebrates) and obtained a strong correlation between the proportion of species recorded as being globally extinct against the proportion of species that was estimated to have been discovered (r2 = 0.82). We can extend this analysis to different groups of British insects using, like Hambler and Speight, the British RDBs as the main data source (see figure).

The figure, which represents change in

9. 2% of all known British insect species plus spiders, shows a similar relationship to McKinney’s, indicating that for groups in which “only” 90% of species had been listed a century ago, recorded national extinction rates were less than half those of groups in which 100% of species had been known.

Given the rigor of early butterfly recording, their documented declines were not unusual.

Nor are British butterflies atypically thermophilous, as Hambler and Speight claim.

The immature, not adult, stages define climatic constraints on insects (6), and distribution maps show that higher proportions of aculeate Hymenoptera and Orthoptera species than butterflies are restricted to the warmest regions of Britain; moths and dragonflies are similar to butterflies, while staphilinid beetles and woodlice are less confined to warm spots (7). Furthermore, because of climate warming, those butterfly species that are thermophilous experienced population increases in Britain that frequently mitigated the effect of habitat degradation (8).

Only four of the ten most rapidly declining butterfly species could be classed as thermophilous: The majority include alpine species.

We are also surprised that Hambler and Speight consider phytophagous insects to be unduly sensitive to environmental change. This contradicts their earlier statements

(9) , with which we agree (6), that specialists, such as taxa inhabiting rotting trees, are more threatened; moreover, the (well-recorded) taxa with the highest reported extinction rates in Britain have different lifestyles: carnivorous aquatic (dragonflies) and social terrestrial (bumblebees). In theory, parasitic species are the most vulnerable of all to change

(10) . Parasitoids are too poorly described to assess critically, but social parasites of ants have a disproportionately high representation in RDBs (6).

In conclusion, we do not claim that butterflies are ideal indicators of other insect changes, but they appear to be suffi

Ciently representative to be employed usefully, due to their comprehensive recording levels, as the only invertebrate taxon for which it is possible to estimate rates of decline in many parts of the world (1, 2).

JEREMY A. THOMAS* AND RALPH T. CLARKE

 

Science 2004

Lista de aspirantes carlistas a la corona española

carlistasCarlos (V) María Isidro de Borbón y Borbón (1788-1855) Infante de España.

Educado como un príncipe católico, asumió los ideales contrarrevolucionarios desde muy joven, siendo considerado el heredero de su hermano Fernando VII, con quien siempre estuvo estrechamente unido hasta el conflicto dinástico provocado por el nacimiento de la futura Isabel II en1830.

Defensor de sus derechos dinásticos y de los de sus hijos, fue exiliado discretamente a Portugal y Gran Bretaña con su familia. Se trasladó clandestinamente a España en 1834, liderando a sus defensores tradicionalistas y católicos durante la Primera Guerra Carlista (1833-1840). Exiliado y vigilado en Francia, firmó su abdicación en su hijo mayor en 1845, aconsejado por algunos líderes legitimistas y el papa Gregorio XVI, retirándose al Piamonte y, más tarde, a Trieste, donde falleció.

María Francisca de Asís de Braganza y Borbón (1800-1834) Infanta de Portugal y España, contrajo matrimonio con el infante don Carlos María Isidro en1816.

Junto a su hermana, la princesa de Beira, y su esposo formaron un partido cortesano contrarrevolucionario y enemigo de cualquier transacción con el liberalismo durante el reinado de Fernando VII. Falleció en el exilio en Gran Bretaña donde fue enterrada con honores de reina.

María Teresa de Braganza y Borbón (1793-1874) Infanta de Portugal y España, hija primogénita de los reyes Juan VI de Braganza y de Carlota Joaquina de Borbón, fue más conocida con el título de princesa de Beira.

Contrajo primeras nupcias con el infante don Pedro Carlos en 1810, de cuya unión nació su único vástago, el infante don Sebastián Gabriel, futuro general carlista. En 1821 se trasladó a España, donde pronto se conocieron sus ideas contrarrevolucionarias y tradicionalistas.

Acompañó en el exilio a su hermana y sobrinos, contrayendo nuevo matrimonio con su cuñado don Carlos María Isidro en

1838. De carácter decidido y tenaz, se opuso a cualquier claudicación política en los años de exilio, animando a la lucha y la resistencia a los carlistas.

Tras la muerte de Carlos VI y las declaraciones liberales de Juan III, firmó su famosa Carta a los españoles, donde declaró la legitimidad de ejercicio por encima de la de origen, invalidando la candidatura de su hijastro y presentando a su nieto Carlos VII como candidato al trono español.

Carlos (VI) de Borbón y Braganza (1818-1861) Conde de Montemolín.

En 1845 publicó un manifiesto conciliador con el programa mínimo del carlismo, con la intención de hacer realidad un posible enlace con su prima Isabel II. La boda de la reina de España con Francisco de Asís de Borbón frustró ese proyecto y fue una de las causas del estallido de la llamada por algunos Segunda Guerra Carlista (1846-1849) o Guerra dels Matiners.

A pesar de sus intentos por pasar la frontera, nunca pudo unirse a sus fuerzas que fueron derrotadas finalmente, lo que provocó una crisis que le llevaría a renunciar brevemente a sus derechos. En 1860, tras el frustrado levantamiento militar de San Carlos de la Rápita, Carlos Luis fue capturado por las fuerzas isabelinas y obligado a renunciar a sus derechos.

Murió al año siguiente sin sucesión directa.

María Carolina de Borbón y Borbón (1820-1861) Princesa de las Dos Sicilias, contrajo matrimonio con el conde de Montemolín en el Palacio Real de Caserta, en Nápoles, en 1850. De carácter dócil, apoyó las aspiraciones políticas de su marido, asistiendo al final de sus días a la caída de la dinastía de los Borbones de los tronos de las Dos Sicilias y Parma, como consecuencia del proceso de unidad italiano.

Juan (III) de Borbón y Braganza (1822-1887) Conde de Montizón. Las diferencias entre su esposa, tradicionalista católica, y su pensamiento, cada vez más liberal, motivaron una discreta separación.

Lingüista, deportista, incansable viajero, fue conocido en su tiempo por su amplia cultura. En 1860 declaró abiertamente sus deseos de ser reconocido como rey de España, aceptando el régimen constitucional. La princesa de Beira y otros destacados jefes carlistas le solicitaron que aceptara los principios tradicionales o que abdicara en su hijo mayor. Don Juan se negó a ello, reconociendo públicamente a Isabel II tres años más tarde. Tras una serie de frustradas iniciativas políticas, abdicó en su hijo en 1868, luchando bajo sus banderas en la última Guerra Carlista.

María Beatriz de Austria-Este (1824-1906) Archiduquesa de Austria, hija de Francisco IV, duque soberano de Módena, Reggio y Mirandola, contrajo matrimonio en 1847 con el infante don Juan de Borbón. Su catolicismo tradicional y sus opiniones contrarrevolucionarias marcaron su vida, centrada en la educación de sus hijos y en actividades benéficas. Escritora incansable de literatura religiosa, se retiró al convento de monjas carmelitas de Graz (Austria).

Fernando de Borbón y Braganza (1824-1861) Infante de España, vivió la mayor parte de su vida en el exilio en diversos países europeos.

Fiel a su padre y a su hermano Carlos VI, participó en el intento de San Carlos de la Rápita.

Las muertes de don Fernando, el 1 de enero de 1861 y, doce días más tarde, de su hermano Carlos Luis y su cuñada, provocaron rumores sobre un posible triple envenenamiento, pese al anuncio oficial de fallecimiento por tifus.

Carlos (VII) María de los Dolores de Borbón y Austria-Este (1848-1909) Duque de Madrid, fue uno de los monarcas más populares de los carlistas.

Con la publicación de su primer manifiesto, en 1869, comenzó una nueva oportunidad para las armas legitimistas.

Tras una frustrada intentona de alzamiento, intentó confiar el movimiento al general Dentro de la ideología legitimista, la Corona fue una de las instituciones más importantes de su sistema político, y sus titulares lideraron el movimiento en los siglos XIX y XX.

Margarita de Borbón-Parma (1847-1893) Hija de Fernando Carlos III, duque de Parma, y de la princesa Luisa de Francia.

Contrajo matrimonio con Carlos VII en 1867, organizando labores de asistencia médica y beneficencia en el campo carlista durante la guerra de 1872-1876, por lo que fue reconocida como “el ángel bueno”. Sufrió con coraje continuas infidelidades matrimoniales de su esposo, lo que aumentó su popularidad entre las masas carlistas.

Berta de Rohan-Guémenée (1860-1945) Contrajo matrimonio con Carlos VII en 1894, residiendo en el palacio Loredán de Venecia.

Numerosos carlistas criticaron su influencia sobre el pretendiente, acusándola de provocar el alejamiento físico del príncipe don Jaime y su soltería, al negarse a favorecer su matrimonio con una princesa de sangre real.

Alfonso Carlos (I) de Borbón y Austria-Este (1849-1936) Duque de San Jaime, fue oficial zuavo del ejército pontificio.

Casado, desde 1871, con la infanta María de las Nieves de Braganza (1852-1941), asumió la dirección de las fuerzas legitimistas en el frente de Cataluña y el Maestrazgo durante la última Guerra Carlista.

A la muerte de su sobrino don Jaime, fue reconocido como monarca por los carlistas, aceptando la participación de las unidades de requetés en el alzamiento del 18 de julio de 1936. Murió sin sucesión en septiembre de ese mismo año, atropellado por un camión en Viena.

Jaime (III) de Borbón y Borbón (1870-1931) Educado rígidamente en diversas academias militares de Austria y Rusia, fue oficial del ejército zarista, participando en las guerras de China (1900) y ruso-japonesa (1903-1904). Cuando sucedió a su padre, halló el movimiento carlista dividido y demasiado débil para intentar una nueva insurrección, por lo que apoyó su participación electoral y parlamentaria en España. Durante la I Guerra Mundial (1914-1918) , el carlismo se escindió en dos bandos: el jaimista, partidario de la neutralidad, y el germanófilo, acaudillado por Vázquez de Mella. El 6 de marzo de 1925, don Jaime dio a conocer un manifiesto crítico con la dictadura de Primo de Rivera, lo cual fragmentó aún más la débil unidad de los carlistas.

Antes de fallecer soltero y sin sucesión directa, firmó un prudente manifiesto ante la proclamación de la Segunda República, aconsejando a sus fieles que ayudaran, sobre todo, al mantenimiento del orden público.

Blanca de Borbón (1868-1949) Primogénita de Carlos VII, contrajo matrimonio en 1889 con Leopoldo Salvador de Habsburgo (1863-1931), archiduque de Austria-Toscana, con el que tuvo diez hijos. A la extinción masculina de la dinastía carlista en 1936, tras la muerte de su tío don Alfonso Carlos I, en ella recaerían –según sus partidarios– los derechos de la rama en litigio.

Carlos (VIII) de Habsburgo y Borbón (1909-1953) Archiduque de Austria, hijo menor de la infanta doña Blanca, fue reconocido como heredero de los derechos dinásticos de la rama legitimista por aquellos carlistas que no aceptaron la regencia ni la candidatura de los Borbón- Parma. Contrajo matrimonio con Cristina Satzger de Bálványos en 1938, con la que tuvo dos hijas, Alejandra e Inmaculada.

Javier (I) de Borbón-Parma y Braganza (1889-1977) Duque de Parma, casado en 1927 con Magdalena de Borbón- Bousset (1898-1984), asumió la regencia al fallecer don Alfonso Carlos I en 1936, adoptando un difícil equilibrio a favor de la oposición moderada y a la expectativa del régimen franquista. Tras la II Guerra Mundial, don Javier intentó evitar la desunión entre las diversas familias carlistas, asumiendo la titularidad de los derechos dinásticos en 1957.

El 20 de abril de 1975 anunció oficialmente su abdicación a favor de su hijo Carlos Hugo, pese a sus diferencias ideológicas.

Carlos Hugo (I) de Borbón-Parma (1930) Duque de Parma, estudió Ciencias Económicas en la Universidad de Oxford y Ciencias Políticas en la Sorbona y fue presentado como príncipe de Asturias por su padre en Montejurra, el 5 de mayo de 1957. Tras la proclamación de don Juan Carlos de Borbón como sucesor a título de rey por Franco, finalizó su etapa de colaboración con el régimen franquista, situándose, junto a la mayor parte de su familia, en la oposición política, asumiendo postulados propios del socialismo autogestionario.

El movimiento carlista se dividió nuevamente y Carlos Hugo asumió la dirección de un nuevo Partido Carlista que se incorporó a la Junta Democrática de España (15 de septiembre de 1974) junto al Partido Comunista y otras agrupaciones de izquierda, y a la Plataforma de Convergencia Democrática (20 de abril de 1975). Tras las elecciones de 1979, el descalabro electoral de su partido le llevó a renunciar a su jefatura y dirección política. Tras separarse de su esposa, se trasladó a Estados Unidos, impartiendo clases en la Universidad de Harvard. En 2002 cedió el archivo histórico de los Borbón- Parma al Ministerio de Cultura.

Irene de Orange-Nassau (1939) Princesa de Lippe-Biesterfeld, hija de la reina Juliana de los Países Bajos y del príncipe Bernardo. Tras su matrimonio en 1964, en Roma, con Carlos Hugo, tuvo cuatro hijos: Carlos Javier (1970), los infantes gemelos Margarita y Jaime (1972) y María Carolina (1974). Tras su divorcio en 1981, ha vivido totalmente alejada de la vida política y oficial de la Corte holandesa.

Sixto Enrique de Borbón Parma (1940) Enfrentado a la línea ideológica de su hermano Carlos Hugo –el socialismo autogestionario–, se le ha relacionado continuamente con grupos de extrema derecha.

Algunos carlistas trataron de presentarlo en los años sesenta como pretendiente frente a su hermano.

ANTONIO MANUEL MORAL RONCAL 

In Asians and Whites, Gene Expression Varies by Race

Express yourself.  In a small sample of Japanese and Caucasian individuals, researchers found more than 1000 genes that behaved differently.

Express yourself. In a small sample of Japanese and Caucasian individuals, researchers found more than 1000 genes that behaved differently.

Genetic variation among races, long a political hot potato, has also been a scientific puzzle.

Although researchers have cataloged different frequencies of inherited DNA among racial groups, and physicians have found that some groups are disproportionately susceptible to certain diseases, it’s not clear how or even whether the two are linked. Do subtle differences in DNA between races really matter, medically speaking?

Earlier this week, scientists described results from a new approach that may help answer that question: measuring gene expression levels among Caucasians and Asians.

Because gene expression helps determine how a cell behaves, it can be more instructive than variations in inherited DNA. The researchers examined expression levels of more than 4000 genes in 142 banked cell lines drawn from individuals of European descent in Utah, and cohorts from Beijing and Tokyo. They found that 25% of the genes had expression patterns with statistically significant, although often small, differences depending on whether they came from a Caucasian or an Asian sample. Thirty-f ive genes had expression levels that differed, on average, as much as twofold. Still, “how that translates into traits of clinical interest is still a big question mark,” says Neil Risch, a human geneticist at the University of California, San Francisco.

Although that critical bridge remains to be built, scientists say the expression patterns are intriguing. Indeed, geneticist Vivian Cheung of the University of Pennsylvania, who led the research team with her colleague Richard Spielman, was initially so taken aback by the number of genes whose expression varied that she suspected a technical glitch. “The 25% definitely shocked me,” says Cheung, who also works at the Children’s Hospital of Philadelphia.

But when she and her colleagues repeated the study on samples from 24 Chinese residents in Los Angeles, the results were virtually identical. All but one of the 35 genes with big variations in expression registered similar levels in the HapMap Asian samples and the Los Angeles cohort, they report online this week in Nature Genetics.

“This lends support to the idea that there are genetically determined characteristics that tend to be clustered in different ethnic groups,” says Phyllis August, a nephrologist at Weill Medical College of Cornell University in New York City, who has studied variation between blacks and whites in a gene involved in hypertension.

“To deny that is really denying a lot of very obvious biological truths.” Researchers are careful to say that although mean expression between Asians and Caucasians differed in more than 1000 genes studied, the expression difference between individuals from each group was often not impressive. “These averages are not absolutes,” says Stephen Wooding, a population geneticist at the University of Texas Southwestern Medical Center in Dallas. He compares the variation in gene expression to height in men and women; although men on average are taller, plenty of individual women are taller than individual men.

To analyze expression levels, Cheung and her colleagues began with samples collected for the International HapMap Project, which aimed to catalog genetic variation to help identify disease genes.

They used microarray technology to measure gene expression in several thousand genes at once and found measurable expression in 4197 genes.

Then, they compared mean expression levels in the three different sets of samples.

At first, the researchers separated the Chinese and Japanese samples but then lumped them together after finding that only 27 genes registered different mean expression levels between the two. The different expression levels seemed to correspond to patterns of

Inherited variation in single-nucleotide polymorphisms (SNPs)—for example, if one DNA stretch with a particular SNP was rare in a higher percentage of Asians than Caucasians, average gene expression in the first group might be lower. It’s still not clear whether the SNPs themselves might be regulating gene expression, or whether they travel together with other DNA that’s the regulator.

The question now is whether and how these expression differences affect health.

One gene, called UGT2B17, is deleted more often in Asians than Caucasians and had a mean expression level that was 22 times greater in Caucasians than Asians, the most dramatic variation seen. “That one really stuck out,” says Wooding, who notes that this gene is involved in steroid metabolism and, possibly, drug metabolism as well.

Spielman agrees that genes such as UGT2B17 and others that showed up in the list of 35 should be looked at individually to determine what the expression differences might mean. Next up for his group: examining gene expression in other ethnicities, including Africans, to see what patterns materialize. –JENNIFER COUZIN

 

Science 2007

INTRODUCCIÓN A LA TEORÍA DE JUEGOS

dadosLos psicólogos destacan la importancia del juego en la infancia como medio de formar la personalidad y de aprender de forma experimental a relacionarse en sociedad, a resolver problemas y situaciones conflictivas. Todos los juegos, de niños y de adultos, juegos de mesa o juegos deportivos, son modelos de situaciones conflictivas y cooperativas en las que podemos reconocer situaciones y pautas que se repiten con frecuencia en el mundo real.

El estudio de los juegos ha inspirado a científicos de todos los tiempos para el desarrollo de teorías y modelos matemáticos. La estadística es una rama de las matemáticas que surgió precisamente de los cálculos para diseñar estrategias vencedoras en juegos de azar. Conceptos tales como probabilidad, media ponderada y distribución o desviación estándar, son términos acuñados por la estadística matemática y que tienen aplicación en el análisis de juegos de azar o en las frecuentes situaciones sociales y económicas en las que hay que adoptar decisiones y asumir riesgos ante componentes aleatorios.

Pero la Teoría de Juegos tiene una relación muy lejana con la estadística. Su objetivo no es el análisis del azar o de los elementos aleatorios sino de los comportamientos estratégicos de los jugadores. En el mundo real, tanto en las relaciones económicas como en las políticas o sociales, son muy frecuentes las situaciones en las que, al igual que en los juegos, su resultado depende de la conjunción de decisiones de diferentes agentes o jugadores. Se dice de un comportamiento que es estratégico cuando se adopta teniendo en cuenta la influencia conjunta sobre el resultado propio y ajeno de las decisiones propias y ajenas.

La técnica para el análisis de estas situaciones fue puesta a punto por un matemático, John von Neumann. A comienzos de la década de 1940, este trabajó con el economista Oskar Morgenstern en las aplicaciones económicas de esa teoría. El libro que publicaron en 1944, “Theory of Games and Economic Behavior”, abrió un insospechadamente amplio campo de estudio en el que actualmente trabajan miles de especialistas de todo el mundo.

La Teoría de Juegos ha alcanzado un alto grado de sofisticación matemática y ha mostrado una gran versatilidad en la resolución de problemas. Muchos campos de la Economía (Equilibrio General, Distribución de Costos, etc.), se han visto beneficiados por las aportaciones de este método de análisis. En el medio siglo transcurrido desde su primera formulación el número de científicos dedicados a su desarrollo no ha cesado de crecer. Y no son sólo economistas y matemáticos sino sociólogos, politólogos, biólogos o psicólogos. Existen también aplicaciones jurídicas: asignación de responsabilidades, adopción de decisiones de pleitear o conciliación, etc. Hay dos clases de juegos que plantean una problemática muy diferente y requieren una forma de análisis distinta:

1. Si los jugadores pueden comunicarse entre ellos y negociar los resultados se tratará de juegos con transferencia de utilidad (también llamados juegos cooperativos), en los que la problemática se concentra en el análisis de las posibles coaliciones y su estabilidad.

2. En los juegos sin transferencia de utilidad, (también llamados juegos no cooperativos) los jugadores no pueden llegar a acuerdos previos; es el caso de los juegos conocidos como “la guerra de los sexos”, el “dilema del prisionero” o el modelo “halcón-paloma”.

Los modelos de juegos sin transferencia de utilidad suelen ser bipersonales, es decir, con sólo dos jugadores. Pueden ser simétricos o asimétricos según que los resultados sean idénticos desde el punto de vista de cada jugador. Pueden ser de suma cero, cuando el aumento en las ganancias de un jugador implica una disminución por igual cuantía en las del otro, o de suma no nula en caso contrario, es decir, cuando la suma de las ganancias de los jugadores puede aumentar o disminuir en función de sus decisiones. Cada jugador puede tener opción sólo a dos estrategias, en los juegos biestratégicos, o a muchas. Las estrategias pueden ser puras o mixtas; éstas consisten en asignar a cada estrategia pura una probabilidad dada. En el caso de los juegos con repetición, los que se juegan varias veces seguidas por los mismos jugadores, las estrategias pueden ser también simples o reactivas, si la decisión depende del comportamiento que haya manifestado el contrincante en jugadas anteriores.

APLICACIONES

La Teoría de Juegos actualmente tiene muchas aplicaciones, sin embargo, la economía es el principal cliente para las ideas producidas por los especialistas en Teoría de Juego. Entre las disciplinas donde hay aplicación de la Teoría de Juegos tenemos:

En la Economía: No debería sorprender que la Teoría de Juegos haya encontrado aplicaciones directas en economía. Esta triste ciencia se supone que se ocupa de la distribución de recursos escasos. Si los recursos son escasos es porque hay más gente que los quiere de la que puede llegar a tenerlos. Este panorama proporciona todos los ingredientes necesarios para un juego. Además, los economistas neoclásicos adoptaron el supuesto de que la gente actuará racionalmente en este juego. En un sentido, por tanto, la economía neoclásica no es sino una rama de la Teoría de Juegos.

Sin embargo, aunque los economistas pueden haber sido desde siempre especialistas camuflados en Teoría de Juegos, no podían progresar por el hecho de no tener acceso a los instrumentos proporcionados por Von Neumann y Morgenstern.

En consecuencia sólo se podían analizar juegos particularmente simples. Esto explica por qué el monopolio y la competencia perfecta se entienden bien, mientras a todas las demás variedades de competencia imperfecta que se dan entre estos dos extremos sólo ahora se les está empezando a dar el tratamiento detallado que merecen.

La razón por la que el monopolio es simple desde el punto de vista de la Teoría de Juegos, es que puede ser tratado como un juego con un único jugador. La razón por que la competencia perfecta es simple es que el número de jugadores es de hecho infinito, de manera que cada agente individual no puede tener un efecto sobre agregados de mercado si el o ella actúa individualmente.

En la Ciencia Política: La Teoría de Juegos no ha tenido el mismo impacto en la ciencia política que en economía. Tal vez esto se deba a que la gente se conduce menos racionalmente cuando lo que está en juego son ideas que cuando lo que está en juego es su dinero. Sin embargo, se ha convertido en un instrumento importante para clarificar la lógica subyacente de un cierto número de problemas más paradigmáticos.

En la Biología: En Biología se ha utilizado ampliamente la teoría de juegos para comprender y predecir ciertos resultados de la evolución, como lo es el concepto de estrategia evolutiva estable introducido por John Maynard Smith en su ensayo “Teoría de Juegos y la Evolución de la Lucha”, así como en su libro “Evolución y Teoría de Juegos”.

En la Filosofía: Los especialistas en Teoría de Juegos creen que pueden demostrar formalmente por qué incluso el individuo más egoísta puede descubrir que con frecuencia, cooperar con sus vecinos en una relación a largo plazo redundará en su propio interés ilustrado.

Con este fin estudian los equilibrios de juegos con repetición (juegos que los mismos jugadores juegan una y otra vez). Pocas cosas han descubierto en esta área hasta el presente que hubieran sorprendido a David Hume, quien hace ya unos doscientos años articuló los mecanismos esenciales. Estas ideas, sin embargo, están ahora firmemente basadas en modelos formales. Para avanzar más, habrá que esperar progresos en el problema de la selección de equilibrios en juegos con múltiples equilibrios. Cuando estos progresos se den, sospecho que la filosofía social sin Teoría de Juegos será algo inconcebible – y que David Hume será universalmente considerado como su verdadero fundador.

Versatile Stem Cells Without The Ethical Baggage?

sciencfe 2007Scientists this week reported that they have isolated a new type of cell from amniotic fluid that has many of the characteristics of embryonic stem (ES) cells without the ethical baggage. But other researchers, although enthusiastic about the work, are questioning just how new these so-called amniotic fluid–derived stem (AFS) cells are and are warning that they don’t eliminate the need for ES cells.

The report, published online 7 January in Nature Biotechnology, seems likely to throw a new twist into this week’s congressional debate over legislation to expand ES cell lines available to federally funded researchers.

Congressional leaders were planning to make a splash by getting both houses to pass once again a measure that was vetoed last year by President George W. Bush. But if this much-touted paper persuades the public there’s a ready alternative to ES cells, “the bill won’t have the impact it would have had,” says bioethicist William Hurlbut of Stanford University in Palo Alto, California. The researchers themselves, led by Anthony Atala of Wake Forest University School of Medicine in Winston-Salem, North Carolina, say that AFS cells, obtained from amniocentesis samples, are no substitute for ES cells. But they see them as a unique type occupying an “intermediate” stage between embryonic and adult stem cells in terms of their versatility.

Several groups have already cultivated specialized tissue types from amniotic stem cells. But Atala insists that AFS cells are “absolutely totally different.” He says they are the only amniotic cells that are “fully undifferentiated” and pluripotent—by which he means capable of giving rise to representatives of all three embryonic germ layers. He concedes, however, that it is still unclear whether AFS cells can give rise to all cell types in the body, as can ES cells.

The team, which includes researchers from Children’s Hospital and Harvard Medical School in Boston, has spent the past 7 years working up their evidence that AFS cells are capable of developing into fat, bone, muscle, nerves, liver, and the lining of blood vessels. They injected human AFS cells that had been coaxed to become neural precursor cells into the brains of newborn mice and found that they dispersed throughout the brains. And cells cultivated in a bonegrowing medium not only produced mineralized calcium and other bone markers but also led to the growth of chunks of bonelike material when cultured on scaffolds and implanted into mice. AFS-derived liver cells secreted urea, a liver-specific function, in test tubes.

Atala said at a press conference that the group has unpublished evidence that the AFS cells can also form blood cells. It has yet to produce pancreatic beta cells, needed to treat diabetes, but Atala says, “so far, we’ve been successful with every cell type we’ve attempted.” Like ES cells, said Atala, the amniotic cells grow rapidly, doubling every 36 hours, and the cell lines are capable of extensive self-renewal without differentiation. Unlike ES cells, they can be readily obtained from amniocentesis without harm to the donor or fetus. And they multiply indefinitely without forming tumors—a big peril with ES cells.

Atala, whose university has applied for a patent on the cell type and the team’s method for isolating them, said that amniotic cells may eventually be used as a repair kit for birth defects. He also predicted that banks of cell lines obtained from 100,000 pregnancies could offer reasonably good tissue matches to 99% of the population. Some scientists are deeply impressed. “I believe … that Dr. Atala’s group has discovered a new stem cell,” says adult stem cell researcher Henry

E. Young of Mercer University School of Medicine in Macon, Georgia.

Atala says AFS cells are the only type distinguished by C-Kit, a germ cell marker not reported in other papers about amniotic stem cells. Nonetheless, Dario Fauza of Children’s Hospital, a pediatric surgeon unconnected with the Atala team who has pioneered in cultivating tissues from amniotic stem cells, says he doubts “whether they have indeed discovered a new stem cell. … I have the distinct impression we’re just giving different names to the same cell.” Ming-Song Tsai, a stem cell researcher at Cathay General Hospital in Taipei, Taiwan, agrees. Atala’s study is “excellent,” he says.

But judging by surface markers and other characteristics, he believes “the cells described in this paper are the same cells” he and colleagues described last year in Biology of Reproduction. In that paper, the scientists reported cultivating “mesenchymal” stem cells from a single amniotic cell that could develop not only into multiple mesenchymal lineages but also into neuronl i ke c e l l s . Tsai, who already has a

U. S . Patent on his method, adds that recently they revealed potential as liver cells.

Tsai predicts that amniotic stem cells may become a valuable tool given their “easy access [and] cultivation” and absence of ethical difficulties. But some researchers are taking a wait-and-see attitude. Harvard stem cell researcher Kevin Eggan is skeptical, especially because the field has been “burned” in recent years by hints of pluripotency in other cell types that haven’t panned out.

–CONSTANCE HOLDEN

Science 2007

Método para entrenar los ojos y mejorar la velocidad de lectura o la puntería

brillo-en-ojo

También los ojos pueden entrenarse

En los ejercicios marcados expresamente para práctica de cada ojo por separado podremos agilizar los zurdos primero el ojo izquierdo y los manidextros el derecho.

Se tapa suavemente el ojo que descansará mientras el otro practica.

Ejemplo: Taparé el ojo izquierdo primero y con mi ojo derecho comienzo a mirar del margen izquierdo atravesando con la mirada hacia la media página y atento procederé a buscar el sitio para colocar mi punto de visión máxima.

Al ojo izquierdo le tocará en su turno leer todo aquello que esté colocado de la mitad de la página al extremo derecho, teniendo el ojo derecho cubierto.

Este tipo de ejercicios facilitará la ampliación del enfoque, del campo de reconocimiento, del área de dominio de cada vistazo horizontal primero y del vertical después.

Se requiere vigilar que la fracción del movimiento de salto de los ojos conserve la cadencia creciente usual, un poco más rápido cada vez y nunca más despacio que en los anteriores ejercicios.

También puede uno ejercitarse en las cosas sencillas como ver las placas de los coches, con un vistazo instantáneo, letras y números con un ojo; tan rápido como el chasquido de los dedos.

También letreros, rótulos, anuncios, logos, ropa, adornos, detalles de joyería de los compañeros de trabajo o parientes; en la calle ver las marquesinas, en las oficinas la decoración, en las tiendas apreciar la distribución de las mercancías, en los aparadores, en los kioskos de revistas, etc.