Remedios antiguos contra los mosquitos (1897)

Compuestos para ahuyentarlos o matar­los.

A) Esencia, de eucalipto 30 partes, talco 20 partes, almidón 420 partes. Se aplica a las manos y a la cara con una borla de polvos.

  1. Naftalina 30 gr, talco 00 gr, almidón 480 gí’) esencia dLe poleo 8 cm1. Se reduce todo a polvo fino, que se aplica a las partes descubiertas antes de acostarse.
  2. Quemando una pequeña cantidad do polvos insecticidas de Persia en una habi­tación no queda en ésta ningún mosquito.
  3. Se hace una pasta con mucilago de tragacanto y 500 partes de carbón de leña en polvo, 00 partes de salitre, 40 partes de ácido fénico y 250 partes de polvos in­secticidas. Se forman conos pequeños con esta masa, que se emplean como fumi­gantes.

B) Benjuí 100 partes, bálsamo de Tolú 100 partes, carbón de lena 500 partes, pol­vos insecticidas L50 partes, salitre 50 par­tes. Se hace una masa con agua, y se divide en pastillas, que se queman en la habi­tación.

C) Nitrato potásico 45 gr, mucilago de tragacanto G0 cm3, polvos insecticidas 00 gramos, altea en polvo S gr, tragacanto y gr. Se mezcla el nitro con e’ mucilago, y en sitio aparte los demás ingredientes; se incorporan después los polvos a la pasta, se divide la masa resultante en pastillas de 2 gr, y se secan a una temperatura de 20 a 25° O. Si se quiere pueden broncearse o dorarse estas pastillas.

  1. La mezcla, siguiente espanta a los mosquitos y tiene la ventaja de poseer olor muy agradable: esencia de canela 1 parte, esencia de pachulí 1 parte, esencia de sán­dalo 4 partes, alcohol 400 partes.

Remedios para las picaduras de los mos­quitos.

a) Entre los remedios para ali­viar la sensación tan desagradable produ­cida por la picadura de los mosquitos se encuentran la esencia de clavo, el amo­níaco, el bicarbonato sódico, el cloroformo, el timol y el jabón corriente. Pero quizá lo mejor sea una solución de cocaína al 4 por 100.

 

EL FUTURO DE LAS DECISIONES QUE TOMAMOS EN EL PRESENTE

Garry-Kasparov-IQ-190El estratega empieza con un objetivo para un futuro lejano y trabaja retrocediendo hasta el presente. Un gran maestro hace los mejores movimientos porque están basados en lo que quiere que suceda en el tablero, después de unos diez o veinte movimientos. Para ello no es necesario que calcule las incontables variables de veinte movimientos. Evalúa cuál será el resultado de su posición y establece una meta. Luego va paso a paso hasta conseguir su propósito.

Esos objetivos intermedios son esenciales. Son los ingredientes necesarios para crear las condiciones favorables para nuestra estrategia. Sin ellos, estaremos intentando construir una casa empezando por el tejado. Demasiado a menudo señalamos un objetivo y nos dedicamos a él, sin tener en cuenta los pasos necesarios para alcanzarlo. ¿Qué condiciones deben cumplirse para que nuestra estrategia sea un éxito? ¿Qué debe cambiar y qué podemos hacer para introducir esos cambios?

Mi instinto, o el análisis, me dicen que una posición determinada encierra un ataque potencial al rey de mi adversario. Entonces, en lugar de dirigir todas mis fuerzas a atacar al rey busco los objetivos que debo conseguir para llevarlo a cabo con éxito; por ejemplo, debilitar la protección alrededor del rey del oponente, canjeando una pieza defensiva esencial. Primero debo saber qué objetivos tácticos me ayudarán a conseguir mi propósito de atacar al rey y solamente entonces empiezo a planear exactamente cómo conseguirlos, y a considerarlos movimientos concretos que me conducirán a la consecución del éxito. De lo contrario, trazaré un plan osado y simplista con pocas posibilidades de éxito.

En la segunda ronda del torneo Corus de 2001 en los Países Bajos jugué contra Alexei Fedorov de Bielorrusia, uno de los jugadores teóricamente con menos posibilidades. Era el torneo más importante en el que Fedorov había participado, y la primera vez que nos enfrentábamos en un tablero. Desde el primer momento dejó muy claro que no tenía intención de mostrar ningún respeto por el honorable entorno, ni por su adversario.

Fedorov renunció rápidamente a una apertura de juego estándar. Si lo que jugó contra mí respondía a algún nombre, ese debía de ser «ataque a sangre y fuego». Ignorando el resto del tablero, lanzó todos sus peones disponibles contra mi rey desde el principio. Yo sabía que un ataque tan salvaje y mal preparado solo tendría éxito si yo metía la pata. Sin perder de vista a mi rey contraataqué por el otro lado o flanco, y por el centro del tablero, una zona crucial que él había descuidado por completo. Enseguida fue obvio que su ataque era completamente superficial y, después de veinticinco movimientos tan solo, se retiró de la partida.

Reconozco que no tuve que hacer nada especial para anotarme una victoria tan fácil. Mi rival jugó sin una estratégica sólida que, finalmente, le llevó a un callejón sin salida. Lo que a Fedorov le faltó, fue preguntarse desde el principio qué condiciones debían darse para que su ataque triunfara. Decidió que quería cruzar el río y se metió directamente en el agua, en lugar de buscar un puente. También es conveniente señalar que confiar en que el competidor cometa un error grave no es una estrategia viable.

 

Garry Kasparov. Cómo la vida imita al ajedrez.

Laos 1960, the door to red China

Laos1A LEGEND OF VIENTIANE, capital of the Kingdom of Laos recount a strange attack against the city cen­turies ago.

An army of the king of Luang Praliang lay outside Vientiane’s tall sandalwood fortifica­tions. It was the tenth day uf the siege» and the men from the north were growing im­patient. Showers of arrows from their cross* hows had not brought surrender.

Inside the city, confidence reigned. The defender» felt able to hold out indefinitely.

Suddenly a stream of golden arrows flushed over the walls. Unbelieving, the besieged warriors picked them up and found that the arrowheads had Iteen dipfted In molten gold and were heavily plated.

More Arrows*—Then Sudden Death

Next the watchmen reported excitedly that the attackers were packing up their equip* meat and melting into the forest. As they withdrew, they fired more volleys of golden arrows. Many stuck in the walls.

  • *A tribute to an unconquerable foe!” the defenders thought, as they waited until long after the enemy disappeared.

Carefully at first, and just a little, they opened the gates. Soldiers ran through to pry the arrows loose. This was too much for the guardians of the gates; they joined the rush. Then, like bees a-swarming, the arrows, came again, this time bringing sudden death. In moments the city was taken.

Today Vientiane and all Laos again are threatened. The goldeu arrows nuw are Com­munist propaganda and infiltration. By its very jtyggxrsphfcitl position, as next-door neigh­bor to Communist China and North Viet Xarn, Laos finds itself in the front line of the struggle against Communist expansion.”

My husband and T came to Laos four years ago in connection with the American aid pro­gram. whose mission is to help this snail nation strengthen its economic, and social structure.

Before leaving the United States, we tried to learn what we could about our home-to-be. There wasn’t much information available in English, and not a treat deal even in French. For example, there arc no reliable popula­tion figures: estimates range from 1,500,000 to double that many.

Lao Root Lucks a Toe

We did learn how the |>coplc pronounce their country’s name: the “s’* is silent, so that Laos rhymes with ‘how.” On the map we could see that it is shaped somewhat like Italy, except that the boot lacks a toe (map. page 50). It is about 630 miles long and from 35 to 300 miles wide, covering an area of some 91.000 square miles* Forested mountains make up two-thirds of the coun­try. Two large plateaus, the Bolovens in the south and Tran Xinh in the north, together with the Mekong Valley, provide almost its only level areas.

For about 500 miles lietween Laos and Thailand, the Mekong River serves as a iKirdrr. Here there is scant need for defense, though this was not always so. But on the critical north and east, where wild peaks jut six to eight thousand feet into the sky, border defense can be a military nightmare.

We went to live in Vientiane, the economic and administrative capital. (The royal and religious capital, the town of Luang Frabang. lit» nn hour’s flight farther north.) It was hard to think about invasions and the Com­munist menace the day Nick, my husband, look me for my first sightseeing tour.

Though it has more than 60,000 pleople.

Vientiane is really a big overgrown village nestling at a bend of the Mekong, which at low water splits into two brown streams.

It was February, toward the close, .of the dry season, and a light wind, blowing off the broad expanse of dry river bed and clifflike banks, sifted red dust over us. The same red dust lay thickly on the thatched houses of the Lao working people.

Yellow stucco buildings with weathered red roofs—almost a trademark of the French throughout Indochina—stood at Intervals along the main street, the old Rue Maréchal Foch, renamed Sctthathirath.

We passed the hospital, the police build­ings. the Ministry of Public Works, the Post. Telegraphs and Telephones office, a movie house, the Bank of Indochina, and scores of the little ofien-frnntcd shop« of the Chinese and Indian merchants.

Children played in front of the shops or squatted contentedly. eating noodles and shredded vegetables from little bowls with blue-and-white china spoons. All the smaller children toddled naked in the white sunshine. We saw more than 40 teats, or temples, their roofs of blackened tiles decorated with un­dulating gilt nagas. the serpent guardians of the kingdom.

Strange Americans Take No Nap

Today a new sense of destiny animate this sprawling city. In a few years the town has burgeoned from a quiet Oriental village half asleep in the sun to a bustling place with roaring automobiles and trucks, though not yet nearly enough roads. Hundreds of bicycles bear what are surely the world’s most hap­hazard riders.

Many new buildings reveal hasty construc­tion. Altogether there is an air of racing to catch up with the second half of the 20th century—except for the hours from noon until three o’clock, when almost everybody but the

strange Americans sensibly goes to sleep.

Lao« has some catchinp up to do. Seldom in modern times tuts a nation faced the fu­ture with so tittle of the world’* k’mxIs and so few men trained to guide her through the critical yearn ahead.

Vientiane—the name is a French version of the Lao “Vieng Chan”—was once the capital of a rich and powerful kingdom called Muong Lan Xang Hum Khao—Land of the Million Elephants and the White Parasol. From the |4th to the ISth centuries It was a power in Southeast Asia, with borders far beyond its present ones. Many Lao still call their country Lan Xang.

Eventually the kingdom .split into factions, and part of It was ruled by Thailand. Then came half a century of French rule, followed by World War II and a series of disasters from which Laos has not yet recovered.

The country was first occupied by Japanese, then by Chinese troops. The burdens of oc­cupation, followed by Communist invasions in 1953*54, left the nation depicted and poor, her livestock industry and agriculture largely demolished, and with only a handful of men capable of taking over the reins of govern­ment.

At present the United States Operations Mission, the United Nations, and France, among others, are helping Laos rebuild. But the process is time consuming, as we were to learn.

 

First thing after our arrival, we had the Job of house hunting. In the early days of American aid the director and his few assist­ants lived in tents. Finally, after 18 months of living with friends and in a makeshift apartment, we got. our home, a new cement- block house about four miles from town.

 

National Geographic, 1960

El Sannajat

El Sannajat, ee todos los animales terres­tres, es el más corpulento y resulta un verdadero peligro para los lugares en que habita.

Si su mirada encuentra el ojo de cual­quier animal, el Sannajat muere; y de forma similar, cualquier animal cuya mirada da en el ojo de él muere también; pero si la mirada ha dado primeramente en el cuerpo del otro, y solamente después en el ojo, esta naturaleza peculiar no entra en juego.

Por eso, mientras el Sannajat vive, ningún otro animal posee un lugar de reposo o de retiro; y cuando muere el Sannajat, proporciona ali­mento durante largo tiempo a los animales de la región.

De las crónicas de Nuzhat

La ostra

Reconocemos que la maquillamos para la foto

Reconocemos que la maquillamos para la foto

La ostra es un pez marino encerrado en una concha, como un cangrejo, y es redonda del todo; pero se abre y se cierra cuando quiere. Su morada está en el fondo del mar, pero al alba y por la noche sube a la superficie y recoge el rocío en su interior. Los ra­yos de sol que tocan la concha hacen endurecerse las gotas de ro­cío, cada una aparte, según donde cayeron.

No se endurecen hasta volverse piedras, mientras se encuentran en el mar; pero cuando se sacan del mar y se abren, y se extraen de ellas las go­tas endurecidas, éstas se convierten de inmediato en preciosas piedrecillas blancas que llamamos perlas o margaritas. Y sabed que, si el rocío es puro y limpio por la mañana, las perlas serán blancas y relucientes;si no, no será así.

Y no hay perlas mayores de media pulgada.

 

Del bestiario medieval de Brunetto