Conservación y desecación de patatas

Conservación. So colocan sobre un lecho de cal viva en polvo, en capas de unos 15 centímetros de altura, disponiendo una capa de cal entro cada dos sucesivas de patatos, con lo cual se evita o por lo me­nos se retarda la putrefacción de los tu­bérculos.

Desecación. Para la obtención de copos so lavan bien las patatas, se vaporizan, a lo más a 0,5 atmósferas, y se llevan al secador de rodillos. El secado se efectúa indirectamente por medio de la superficie de calefacción de los rodillos y los copos son rascados mediante cuchillas. Las copos de patata tienen forma de hojas- con un espe­sor de 0,1-0,2 mm. Los recortes do patata se preparan directamente de patatas lava­das, las cuales en máquinas especiales se cortan oñ tiritas de unos 10 milímetros de longitud y 2 mm de grueso, de sección redonda o alargada, y sin vaporización alguna se pasan, al tambor secador, donde Be desecan por los gases calientes. Lospata­tas secas o rodajas de patata se preparan do un modo parecido a los recortes, pero em­pleando aire caliente. Para obtener un ar­tículo blanco, es preciso lavar con agua caliente, antes de su entrada en el seca­dor, los patatas mondadas y cortadas en pedazos.

De cabeza al colapso deflacionario

oil-price-and-supply-with-notes2Ambos, tanto el mercado de acciones como el precio del petróleo se han estado desplomando. ¿Es esto “sólo otro ciclo” o es algo mucho peor? Creo que es algo mucho peor.

Recordando enero, escribí un post titulado “Petróleo y economía: ¿a dónde nos dirigimos en 2015-2016?” En él decía que la persistencia de precios muy bajos podría ser el signo de que estamos alcanzando los límites de nuestro mundo finito. De hecho, el escenario en curso corresponde con lo que esperaba que ocurriera en mi artículo de enero. En aquel post dije: “No es necesario decir que salarios estancados junto a costes de producción de petróleo que aumentan con rapidez llevan a un desencuentro entre:
– la cantidad de consumidores que pueden comprar petróleo
– El coste del petróleo, si el precio iguala el coste de producción ”

Este desencuentro entre los costes crecientes de producción y los salarios estancados es lo que ha estado ocurriendo. El problema de inabordabilidad puede ser escondido por una creciente cantidad de deuda por un tiempo (ya que añadir deuda barata ayuda a hacer que grandes asuntos inabordables parezcan abordables), pero este esquema no puede continuar por siempre.

Eventualmente, incluso a tasas de interés próximas a cero, la cantidad de deuda resulta demasiado alta en relación a los ingresos. Los gobiernos temen añadir más deuda. La gente joven encuentra los préstamos de estudio tan gravosos que dejan de comprar casas y coches. El bombeo económico que solía resultar de sueldos crecientes y deuda creciente se ralentiza, ralentizando el crecimiento de la economía mundial. Con un crecimiento económico ralentizado cae la demanda de materias primas usadas para construir casas, coches, fábricas y otros bienes. Este lento crecimiento económico es lo que trae la tendencia persistente a precios bajos en las materias primas experimentada en los últimos años.

Un gráfico que mostraba en el post de enero era: [gráfico: world oil supply and price]

El precio del petróleo caía dramáticamente en la última mitad de 2008, en parte debido al impacto adverso de los precios altos en la economía, y en parte debido a una contracción en las cantidades de deuda en ese momento. Fue sólo cuando los bancos fueron rescatados y los EE.UU. comenzaron a tener bajas tasas de interés a largo plazo, con la primera ronda de QE, que los precios de la energía comenzaron a subir. Más aún, China incrementó su deuda en ese periodo usando su deuda adicional para construir nuevas casas, carreteras y fábricas. Esto también ayudó a aumentar los precios de la energía de nuevo.

El precio del petróleo tendió ligeramente a la baja entre 2011 y 2014, sugiriendo que aún entonces los precios estaban sujetos a una tendencia bajista subyacente. Hacia la mitad de 2014 hubo una gran bajada de los precios, que coincidió con el fin de la QE3 de EE.UU. y con un crecimiento más lento de la deuda china. Los precios aumentaron por un tiempo pero recientemente han vuelto a caer, en correlación con un crecimiento ralentizado chino y por tanto del mundo. En parte la desaceleración de China está ocurriendo porque alcanzó su límite [de China] en relación a cuántas casas, carreteras y fábricas necesita.

En mi post de enero daba una lista de cambios esperables. Esta lista no ha cambiado. No los voy a repetir aquí. En lugar de eso haré un resumen de lo que está yendo mal y ofreceré algunas ideas mirando por qué otros no están enfocando este mismo problema.

Resumen de lo que va mal:
1) El gran problema que está ocurriendo es que el sistema financiero mundial parece próximo al colapso. De vuelta en 2008 el sistema financiero mundial parecía casi colapsado. Esta vez nuestras posibilidades de evitar el colapso parecen escasas

2) Sin el sistema financiero no parece que muchas más cosas vayan a funcionar: el sistema de extracción de petróleo, el sistema de distribución de electricidad, el sistema de pensiones, las posibilidades del mercado de valores de mantener su valor. El cambio que nos vamos a encontrar es similar a perder el sistema operativo de un ordenador o desenchufar un refrigerador de la pared

3) No sabemos cómo de rápido se desentrañará todo, pero las cosas parece que van a ser bastante diferentes en un tiempo tan breve como un año. Los líderes de las financias mundiales parecen dispuestos a quitar los topes para intentar mantener todo unido. Una gran parte de nuestro problema es demasiada deuda. Es difícil solucionarlo, porque reducir la deuda reduce la demanda y hace que los precios de las materias primas caigan aún más. Con precios bajos, la producción de bienes probablemente caiga. Por ejemplo, la producción de comida usando energías fósiles parece que disminuirá enormemente conforme lo haga la producción de petróleo, gas y carbón

4) El sistema de distribución de la red eléctrica seguramente falle en aproximadamente el mismo marco de tiempo en que lo haga nuestro sistema basado en el petróleo. Nada fallará de la noche a la mañana, pero parece extremadamente improbable que la electricidad sobreviva al petróleo por más de un año o dos. Todos los sistemas son dependientes del sistema financiero. Si el sistema petrolero no puede pagar a sus trabajadores y obtener piezas de recambio debido al colapso del sistema financiero, lo mismo debería ocurrir con el sistema de la red eléctrica

5) Nuestra economía es un sistema de red auto-organizado que continuamente disipa energía, conocido en física como una estructura disipativa. Otros ejemplos de estructuras disipativas incluyen todas las plantas y animales (incluyendo a los humanos) y huracanes. Todos ellos crecen desde inicios pequeños, gradualmente estabilizan su tamaño y eventualmente colapsan y mueren. Sabemos de un gran número de antiguas civilizaciones que han colapsado. Esto parece haber ocurrido cuando el retorno del trabajo humano cayó demasiado abajo. Algo que se parece mucho a los salarios netos de los trabajadores, fuera de las élites, cayendo demasiado abajo. Los salarios reflejan no sólo la propia energía de los trabajadores (ganada con la comida), sino también cualquier energía suplementaria, tal como la tracción animal, las embarcaciones a vela o la electricidad. La caída de los salarios más comunes, especialmente de la gente joven, es uno de los indicadores de que nuestra economía está abocada al colapso, tal y como las otras economías

6) La razón por la que el colapso ocurre de un modo rápido tiene que ver con la deuda y sus derivados. Nuestra economía en red requiere deuda para extraer combustibles fósiles del suelo y para crear fuentes de energías renovables por varias razones: (a) los productores no tienen que ahorrar mucho primero (b) los intermediarios consiguen que el uso de productos que consumen energía (como coches y frigoríficos) puedan financiar sus fabricas, y con ello no necesitan ahorrar mucho (c) Los consumidores pueden afrontar la compra de productos caros como casas y coches, con la ayuda de modos de pago que permiten pagos mensuales, por ello no tienen que ahorrar mucho y (d) Más importante, la deuda ayuda a subir el precio de las mercancías de todo tipo (incluyendo el petróleo y la electricidad), porque ello permite a más clientes usarlos. El problema cuando la economía se ralentiza y añadimos más y más deuda, es que eventualmente la deuda colapsa. Esto ocurre porque la economía falla en crecer lo suficiente para permitir la producción de bienes y servicios suficientes para mantener el sistema en marcha -esto es, pagar salarios adecuados, aún a trabajadores fuera de las élites; pagar los crecientes presupuestos de gobiernos y empresas; y re-pagar la deuda con intereses, todo al mismo tiempo. La figura 2 es una ilustración del problema con el componente de deuda.

¿Dónde fallan el modelado de la energía y la economía?

1) El nivel general de comprensión del funcionamiento de la economía y la relación entre economía y energía es tristemente bajo. Las ciencias económicas generalmente han negado que la energía tenga algo más que una muy indirecta relación con la economía. Desde 1800 la población mundial ha crecido desde 1000 millones a más de 7000, gracias al uso de los combustibles fósiles para la producción de alimentos y medicinas entre otras cosas. Aún los ambientalistas a menudo creen que la economía mundial puede continuar como actualmente de algún modo sin combustibles fósiles. Cabe la posibilidad de que con un crash financiero necesitamos comenzar de nuevo, con nuevas economías locales basadas en el uso de recursos locales. En tal escenario es difícil de creer que podamos mantener una población mundial de aún 1000 millones

2) Los modelos de las ciencias económicas se basan en observaciones de cómo funcionaba la economía cuando estábamos lejos de los límites de un mundo finito. Las indicaciones de este modelo no son en absoluto generalizables a una situación en la que estamos alcanzando los límites de un mundo finito. Las expectativas de los economistas, basadas en situaciones pasadas, consisten en que los precios subirán cuando haya escasez. Esta expectativa está completamente equivocada cuando el problema es básicamente la falta de salarios adecuados para los trabajadores fuera de las élites. Cuando el problema es la falta de salarios, los trabajadores encuentran imposible comprar bienes caros, tales como casas, coches y frigoríficos. Todos esos productos son creados usando materias primas, por ello una falta de salarios adecuados conduce a una realimentación a través del sistema en forma de precios bajos para las materias primas. Esto es exactamente lo contrario de lo que los modelos económicos estándar predicen.

3) El análisis del pico del petróleo de M. King Hubbert proporcionó un escenario para el mejor caso que fue claramente poco realista, pero que fue tomado literalmente por sus seguidores. Una de las fuentes del optimismo de Hubbert fue asumir que algún otro producto energético, tal como la energía nuclear, aparecería en una cantidad enorme antes de que el tiempo en que la caída en los combustibles fósiles llegara a ser un problema
[figura 3]
La forma en que la energía nuclear opera en la figura 2 [NdT. Entiendo que se refiere a la figura 3] se me parece mucho más a la salida de una máquina de movimiento perpetuo, añadiendo una cantidad sin fin de energía barata que pueda sustituir a los combustibles fósiles. Una fuente de optimismo relacionada con lo anterior tiene que ver con la forma de una curva que es creada por la suma de curvas de un tipo dado. No hay ninguna razón para esperar que la curva total tenga la misma forma que las curvas subyacentes, a menos que un perfecto sustituto (esto es, teniendo bajos precios, cantidad ilimitada y la posibilidad de trabajar directamente en los dispositivos actuales) los combustibles fósiles que se están modelando aquí. Cuando la cantidad de extracción está determinada por el precio, y el precio puede rápidamente oscilar de arriba abajo, hay una buena razón para creer que la forma de la curva resultado de la suma será bastante picuda, más bien que redonda. Por ejemplo, sabemos que una onda cuadrada puede ser aproximada mediante la suma de funciones sinusoides usando la serie de Fourier (figura 4).

4) La economía mundial opera sobre los flujos de energía en un año dado, aún a pesar de que la mayoría de los analistas de hoy están acostumbrados a pensar en base a descuento de caja. Usted y yo comemos alimentos cultivados muy recientemente. Un modelo de alimentos potencialmente disponibles en el futuro es interesante, pero no satisface nuestra necesidad de alimento cuando estamos hambrientos. De forma similar, nuestros vehículos funcionan con petróleo recientemente extraído, nuestro sistema eléctrico funciona con electricidad que ha sido producida, esencialmente, en el momento. La muy próxima relación temporal entre la producción y el consumo de productos energéticos está en afilado contraste con la forma en que el sistema financiero trabaja. El sistema hace promesas, como la disponibilidad de depósitos bancarios, las cantidades de pagos de pensiones y el continuo valor de las acciones corporativas, muy lejos en el futuro. Cuando esas promesas se hacen no hay prueba de que los bienes y servicios estén realmente disponibles para pagar esas promesas. Terminamos con un sistema que ha prometido muchos más bienes y servicios en el futuro de los que el mundo real será en realidad capaz de producir. Una ruptura es inevitable; parece que la ruptura ocurrirá en el futuro próximo

5) Los cambios en el sistema financiero tienen un enorme potencial para interrumpir el funcionamiento del sistema de distribución energética. La demanda en un año determinado viene de una combinación de salarios y otras fuentes de ingresos más el incremento de deuda en dicho año. Históricamente el incremento en la deuda ha sido positivo. Eso ha contribuido a hacer crecer los precios de las materias primas. Tan pronto como empezamos a tener impagos de deuda el incremento se vuelve negativo y tiende a llevar a la baja los precios de las materias primas (véase punto 6 de la sección anterior). Una vez que eso ocurre es virtualmente imposible mantener los precios lo suficientemente altos como para seguir extrayendo petróleo, carbón y gas natural. Esta es la principal razón por la que el sistema tiende a hundirse [literalmente, a hacer crash].

6) Se espera que los investigadores sigan los pasos de los investigadores anteriores a ellos, en lugar de empezar con un estudio básico del problema completo. Intentar entender el problema completa en lugar de simplemente intentar mirar un pequeño segmento del problema es difícil, especialmente si se espera que el investigador despache un gran número de artículos académicos cada año. Desafortunadamente hay una gran cantidad de investigaciones que debían parecer correctas cuando fueron escritas pero que están realmente equivocadas si se miran con una lente más amplia. Despachar un gran volumen de artículos basados en investigaciones anteriores tiende a simplemente repetir los errores del pasado. Este problema es difícil de corregir, porque el campo de la energía y la economía se entrecruza con muchas áreas de estudio. Difícil para cualquiera comprende la imagen completa

7) En el área de la energía y la economía es muy tentador decir a la gente lo que quiere oír. Si un investigador no entiende cómo funciona el sistema de energía y economía y necesita hacer suposiciones, las suposiciones probablemente mejor recibidas a la hora de la publicación sean aquellas que digan “todo está bien, la innovación nos alegrará el día” o “la sustitución nos alegrará el día”. Esto tiende a sesgar la investigación hacia el mensaje “todo está bien”. La disponibilidad de becas económicas en temas que parecen esperanzadores se añade a este efecto.

8) El análisis de energía devuelta frente a energía invertida (EROEI) no conduce realmente al foco de los problemas de hoy. Mucha gente tiene grandes esperanzas en el análisis EROEI, y realmente éste ayuda a comprender lo que está ocurriendo. Pero falla en muchos puntos importantes. Uno de ellos es que hay muchos tipos diferentes de EROEI. El tipo que importa, en términos de proteger la economía del colapso, es el retorno del trabajo humano. Este tipo de EROEI es equivalente al salario neto de los trabajadores fuera de las élites. Este tipo de retorno tiende a caer demasiado si la cantidad total de energía empleada frente al trabajo humano es muy baja. Podemos esperar una caída en la cantidad de energía usada, li los precios de la energía son demasiado altos o si la cantidad de productos de consumo energético se ve restringida

9) En lugar de mirar los sueldos de los trabajadores la mayor parte de los analistas de EROEI consideran los retornos de energía fósil – algo que al menos es parte del puzle, pero está lejos de ser la imagen completa. Los retornos de energía fósil pueden ser hechos bien en base a flujos de caja (flujos de energía) o en base a un “modelo”, similar a un flujo de descuento de caja. Ambos no son en absoluto equivalentes. Lo que la economía necesita es energía corriente ahora, no producción energética modelada a futuro. Los análisis de flujo de caja tal vez sean necesarios en base al conjunto de la industria; entradas directas e indirectas en un determinado año pueden ser comparados con las salidas en el mismo año. Las energías renovables artificiales tienden a hacer mal ese tipo de análisis porque se requiere una considerable energía para su construcción, pero la energía proporcionada es principalmente modelada como producción energética futura, asumiendo que la economía seguirá operando como actualmente, algo que parece cada vez más difícil

10) Si nos vemos abocados en el corto plazo a una ruptura en la economía no tiene caso tratar de añadir renovables artificiales a la red eléctrica. La razón de añadir energías renovables es tratar de mantener lo que tenemos el máximo tiempo posible. Pero si el sistema va a colapsar todo el plan es inútil. Terminaremos extrayendo más carbón y petróleo hoy para añadir eólica o fotovoltaica a lo que más pronto que tarde se convertirá en una red eléctrica inútil. La red eléctrica no durará porque no podemos pagar a los trabajadores y no podemos mantener la red sin el sistema financiero. Por ello si añadimos más renovables lo que conseguiremos será la mayor parte de sus inconvenientes a corto plazo con pocas de sus ventajas esperadas a largo plazo.

Conclusión

El análisis que parece más cercano a la situación que estamos alcanzando es el análisis de 1972 sobre un mundo finito publicado en el libro “los límites del crecimiento” de Donella Meadows y otros. Éste análisis modela lo que se puede esperar que ocurra si la población y la extracción de recursos crecen según lo esperado, disminuyendo gradualmente a medida que disminuyen los retornos. El modelo de base parece indicar que el colapso sucederá por ahora.
[figura 5]
La forma de la recesión no parece correcta en la figura 5. Una razón es que el modelo se construyó en base a las cantidades físicas de bienes y gente, sin considerar el papel que juega el sistema financiero, particularmente la deuda. Yo creo que la deuda debería tender a colapsar más rápido. Además los creadores del modelo no tenían experiencia con las interacciones en una economía mundial en retroceso, por ello no tenían idea de qué ajustes hacer. Los autores incluso afirmaron que no se podía confiar en las pendientes de las curvas, después de la recesión [caída] inicial. Por ello terminamos con algo como la figura 7, que es todo aquello que podemos confiar en saber.
[figura 6]
Si estamos abordando en realidad la caída pronosticada por los modelos de “los límites del crecimiento”, estamos afrontando un problema que no tiene una solución real. Podemos hacerlo lo mejor que podamos con lo que tenemos hoy, y podemos tratar de fortalecer los lazos con la familia y los amigos. Podemos tratar de diversificar nuestros recursos financieros, de forma que si un banco pronto encuentra problemas no sea un enorme problema. Podemos tal vez guardar un poco de comida y agua a mano  para mantenernos a flote en una escasez temporal. Podemos estudiar nuestras creencias religiosas en busca de guía.

Algunas personas piensan que es posible para grupos de survivalistas continuar, teniendo la adecuada preparación. Esto podría ser o no cierto. El único tiempo de renovables con las que podemos contar en el largo término son aquellas usadas por nuestros antepasados, tales como la madera, la tracción animal y las embarcaciones a vela. Cualquiera que decida usar la tecnología actual, tal como paneles solares y una bomba adaptada para su uso con paneles solares debería hacer planes para el día en que esa tecnología falle. Llegados a ese punto, habrá que tomar decisiones difíciles según como el grupo pueda vivir sin la tecnología.

No podemos decir que nadie nos avisó de lo que vamos a afrontar. En lugar de eso, elegimos no escuchar. Los funcionarios públicos añadieron presión en esa dirección canalizando fondos de investigación hacia problemas distantes resolubles teóricamente, en lugar de en comprender la verdadera naturaleza de aquello a lo que nos enfrentamos. Demasiada gente tomó lo que Hubbert decía literalmente, sin entender que lo que él ofrecía era un escenario del mejor de los casos, si pudiéramos finalmente encontrar algo equivalente a una máquina de movimiento perpetuo que nos ayudara a escapar de nuestro problema.

 

Este artículo es traducción de: http://ourfiniteworld.com/2015/08/26/deflationary-collapse-ahead/

Gracias por la traducción a “Demóstenes Logógrafo”

Cuando los vikingos atacaron a los árabes

Yelmo previkingo de hierro con una elaborada decoración, procedente de la tumba de un jefe en Valsgärde, Suecia.

Yelmo previkingo de hierro con una elaborada decoración, procedente de la tumba de un jefe en Valsgärde, Suecia.

Fue en el año 844, cuando los sevillanos vieron aterrados cómo se atisbaban, remontando el río Guadalquivir, las negras velas de los barcos de los piratas normandos. El estupor, el miedo y la confusión crecieron aún más cuando corrió la noticia de que el gobernador de la ciudad y gran parte de los altos personajes encargados de regir la vida de la misma habían huido a Carmona al conocer la noticia.

Desconcertados y con escasa organización, los habitantes de Sevilla intentaron una tímida defensa, pero de nada sirvió ante el imparable empuje guerrero de los vikingos.

El saqueo de la ciudad duró siete días, durante los cuales, los piratas mataron, robaron, violaron y destruyeron a placer, sin que nada ni nadie se les opusiera.

Fue tal el impacto de la tragedia, que las crónicas históricas posteriores, como la de Ibn Hayyan o al-Razi, recogen, con palabras sobrecogedoras, la viva impresión que en toda la España musulmana produjo este hecho, cuyo eco perduraría en la memoria colectiva durante mucho tiempo.

Pero ¿quiénes eran estos hombres del Norte tan temidos en toda la costa atlántica, tanto en las ciudades cristianas como en las musulmanas? Estos piratas vikingos

o normados eran conocidos por los historiadores árabes como al-Urdumaniyyun, es decir, los normandos, aunque es mucho más frecuente encontrarlos citados como machus, es decir, “idólatras”, “los que adoran el fuego”.

En realidad, su presencia en el territorio peninsular es bastante anterior a su gran incursión del año 844 y existen noticias de ellos desde el siglo VIII. En un primer momento, como afirma C. Verlinden, fueron traficantes de esclavos, mercancía obtenida de sus ataques a los monasterios ingleses e irlandeses en el último tercio del siglo VIII. Estas razias se hicieron más frecuentes y temibles a mediados del siglo IX, en el que incorporaron, además de los esclavos, el pillaje de la plata y el oro. Como era habitual en la práctica corsaria, los prisioneros ricos eran susceptibles de ser liberados por una fuerte suma de dinero, mientras que los más desafortunados económicamente eran vendidos como esclavos, tanto en África como en Oriente e incluso, como afirma el historiador Ibn Hawqal, al ejército califal omeya de al-Ándalus.

Espías eslavos A esta actividad se une, en los tiempos de emirato omeya andalusí (siglos VIIIIX), la del espionaje, como recoge Jesús Riosalido. Sabemos, por ejemplo, de la existencia de un personaje llamado Muhammad al-Saqalabi (el Eslavo), que resultó ser un espía enviado por Carlomagno para ayudar a los elementos andalusíes que luchaban contra el centralismo de los emires omeyas. Fruto de sus gestiones fue la revuelta y sublevación de Sulayman Ibn al-’Arabi, gobernador de Zaragoza, contra ‘Abd al-Rahman II. Este es

Lavo, este hombre del Norte, llegó a convencer a Sulayman y a Ibn Tawr, regidor de Huesca, para levantarse contra Córdoba, a la vez que les pedía que acompañaran a Carlomagno hasta las puertas de Zaragoza, en la campaña del emperador franco contra las fuerzas andalusíes, campaña que, como se sabe, acabó en un desastre guerrero para los francos en el desfiladero de Roncesvalles.

Ni siquiera los príncipes de los reinos cristianos del norte de la Península se libraron de esta actividad de espionaje normanda: el rapto de García Íñiguez, rey de Pamplona e hijo de Íñigo Arista, fue planeado y ejecutado por los espías vikingos desde su base de Burdeos, en la Aquitania, acabando este suceso, como informa Menéndez Pidal, con un cuantioso rescate de setenta mil monedas de oro, en el año 859, tras un penoso cautiverio.

Y, por último, la tercera actividad por la que fueron conocidos y temidos los normandos en al-Ándalus y en toda la costa atlántica fue por la piratería. A comienzos del siglo IX, los corsarios vikingos ya habían atacado la mayor parte de las poblaciones costeras europeas, penetrando por el Loira y el Garona y llegando incluso a Gijón y La Coruña en 842.

Tras los ataques citados, al año siguiente, el 23 de junio, estos piratas lo

Desde el estuario del río Loira, se las apañaron para arribar hasta Tolosa remontando el río Garona. Algunas de las flotillas normandas decidieron actuar y ampliar su actividad un poco más al sur, volviendo a repetirse ataques a las ciudades hispanas costeras cristianas de la región de Galicia, tal y como había ocurrido anteriormente.

En estas razias, los vikingos llegaron a atacar unas diecisiete ciudades, algunas de la importancia de Betanzos.

Restablecida la defensa de sus costas, por parte de los reinos cristianos, los piratas decidieron seguir bajando por la costa atlántica hasta las ciudades de Lisboa y Cádiz. En agosto del año 844, se produjo el importante ataque a la primera de ellas, en aquellos tiempos perteneciente al territorio andalusí del emirato omeya. El miércoles 20 de agosto de 844, más de una cincuentena de barcos piratas, apoyados por un número similar de otras embarcaciones más pequeñas, hicieron su aparición en el estuario del río Tajo. Los normandos desembarcaron y atacaron la ciudad, cuyos habitantes musulmanes ofrecieron una inesperada resistencia y lograron rechazar el ataque de los hombres del Norte, tras una serie de sangrientas refriegas que duraron trece días.

A finales de agosto, los atacantes optaron por dejar Lisboa y buscar ciudades costeras de más fácil acceso, por lo que volvieron a reembarcar y se hicieron a la mar en dirección sur, hacia la costa gaditana.

Mientras tanto, el gobernador de Lisboa, Whab Allah ibn Hazm, mandó aviso y noticias del ataque al emir ‘Abd al-Rahman II que, alertado, envió instrucciones a los diversos gobernadores, a los distintos walíes de las provincias marítimas y costeras, en particular de la zona atlántica, a fin de que estuvieran sobre aviso.

Los piratas normandos, despechados y derrotados, buscaron un nuevo río que remontar, llegando así al litoral de la provincia de Sidona (Medina Sidonia), donde hicieron una penetración bastante profunda hacia el interior y ocuparon el puerto de Cádiz.

No obstante, la mayoría de la flota pirata optó por llegar a la desembocadura del Guadalquivir y remontar el río, en dirección a la importante ciudad de Sevilla, donde el movimiento de las mareas es todavía perceptible. Como se puede apreciar sobre cualquier mapa, entre la ciudad y el mar, el Guadalquivir cruza una región pantanosa donde el curso del río se divide, durante unos quince kilómetros, en dos brazos que, antes de volver a confluir, llegan a formar una isla, llamada antiguamente Captel (Cabtil) y conocida hoy como Isla Menor. Desde este punto los piratas iniciaron su ataque a la ciudad de Sevilla.

El ataque normando a Sevilla Esa isla fluvial, donde los vikingos hicieron su primera parada, era famosa y conocida en época musulmana por sus frescos y frondosos pastos, que permitieron una espléndida actividad de cría de caballos, siendo un lugar privilegiado para la instalación de yeguadas.

A Captel, a la actual Isla Menor, llegaron los normandos el 29 de septiembre del año 844 (12 de muharram de 230) con unos ochenta barcos. A la mañana siguiente, cuatro naves hicieron un pe

Queño reconocimiento unas cuatro millas más arriba, remontando el Guadalquivir, hasta llegar al pueblo de Coria del Río, donde desembarcaron y los machus saquearon esta pequeña aldea y asesinaron a toda la población.

Tres días más tarde, los normandos, animados por la facilidad de sus desembarcos en Captel y Coria del Río, decidieron no esperar más y dirigirse directamente a Sevilla. Para cuando los habitantes de la ciudad avistaron los barcos, el gobernador de la misma ya había huido a Carmona, lo que impidió una defensa más o menos organizada, como había ocurrido en Lisboa, que hubiera podido contener la furia y el ímpetu normando. A ello hay que añadir que, por aquellos tiempos, la ciudad de Sevilla no tenía ningún perímetro de defensa, ninguna muralla de protección. No obstante, aunque faltos de organización, algunos barcos sevillanos salieron al paso de la flota vikinga, aunque con escaso éxito, pues fueron recibidos con flechas e incendiados.

Siete días de matanza Prácticamente sin oposición, los piratas desembarcaron en la ciudad, que en aquellos momentos estaba siendo evacuada a toda prisa por la mayoría de la población, aunque, según las crónicas, muchos de sus habitantes no pudieron o no quisieron abandonar sus casas ni la ciudad.

Durante siete terroríficos días, los normados incendiaron las casas y mataron y asesinaron a casi todos los que se habían quedado, incluidos los ancianos y los inválidos, a la vez que hacían cautivos a las mujeres y a sus hijos.

Pasados estos trágicos siete días, los piratas se dirigieron nuevamente a Captel, en donde depositaron su preciado botín y volvieron de nuevo a Sevilla, con intención de ultimar el saqueo y el pillaje.

Pero en esta ocasión, los vikingos encontraron una ciudad totalmente desierta, pues todos los habitantes que no habían sido asesinados o hechos presos habían huido; solamente encontraron a un grupo de venerables ancianos, recluidos en una mezquita, a los que mataron uno a uno, tomando esta mezquita desde entonces el nombre de Masyid al-Shuhada’ (Mezquita de los Mártires).

En vista de la nueva situación y envalentonados por la fácil victoria de la toma de Sevilla, los machus decidieron aprovechar las reatas de caballos y yeguas existentes en Captel y marchar en tropel de jinetes hacia el norte y el oeste de Sevilla, pues pronto se dieron cuenta, que era prácticamente imposible poder seguir remontando el río Guadalquivir hasta Córdoba como, al parecer, era su primera intención.

Las noticias que pronto llegaron a Córdoba y los relatos de los escasos supervivientes impresionaron vivamente a toda la población andalusí, que no dudó en ponerse a disposición del emir Abd al-Rahman

II. El emir dio una orden general de movilización a todos sus ejércitos e incluso solicitó ayuda, o, al menos una tregua, a sus enemigos, como el gobernador aragonés Musa b. Qasi, que acudió con sus tropas a frenar el avance normando.

Un eunuco lidera la resistencia Su primera reacción fue enviar de inmediato un cuerpo ligero de caballería a las órdenes de sus mejores generales, tales como Abd Allah b. Kulayb, Abd al-Wahid al-Iskandari y Muhammad b. Rustum, y ordenar al eunuco Nasr, que gozaba de su total confianza, organizar las fuerzas que, de todas partes de al-Ándalus, llegaban a Córdoba.

Este primer ejército emiral tomó posiciones a primeros de noviembre en las alturas del Aljarafe (al-Sharaf), un excelente punto estratégico, pues dominaba el sudoeste de la ciudad hispalense; pronto se le unió una columna de infantería y, el 11 de noviembre del año 844 (25 de safar de

230) , decidieron dar batalla a los piratas.

La confrontación entre el ejército del emir Abd al-Rahman II y las huestes vikingas se produjo en el lugar de Tablada, un poco al sur de Sevilla, una amplia y extensa llanura, actualmente transformada en un aeródromo, que se proyecta hacia el este de la confluencia entre los ríos Guadiaro y Guadalquivir. Los machus decidieron una estrategia de confrontación total y bajaron en masa de sus bajeles para enfrentarse al ejército andalusí, pero, rápidamente, las disciplinadas tropas omeyas tomaron la iniciativa y el control de la batalla, reduciendo a los vikingos, matando a lo largo de la misma a más de mil enemigos y ejecutando a otros cuatrocientos prisioneros a la vista de los piratas que huían a toda prisa a sus barcos en dirección sur; casi la mitad de la flota normada fue incendiada y Sevilla volvió a ser

Ocupada por las fuerzas del emirato cordobés.

Cuentan las crónicas que, en las carnicerías de los zocos de la ciudad, fueron expuestos los sangrientos despojos de los piratas como trofeos, en señal de victoria, y que de las ramas de las palmeras de Tablada fueron colgadas muchas cabezas de los temidos normandos. Así pues, cuarenta y dos días después de la aparición normanda en Sevilla, la derrota de los hombres del Norte fue proclamada por todo al-Ándalus, siendo comunicada por Abd al-Rahman II incluso a los emires beréberes de Marruecos y al emir jariyí de Tahart, Aflah b. Rustum.

Fracaso en Niebla En cuanto a los supervivientes piratas que lograron huir, una parte de ellos se dirigió con sus bajeles hacia el Atlántico, intentando desembarcar de nuevo en las costas de Niebla (Huelva), en el Algarve y en Lisboa, sin conseguirlo, aunque, al año siguiente, asolaron con éxito las ciudades francesas de Burdeos y Saintonge y alguna nave aislada, que había optado por dirigirse más al sur, había atacado la ciudad de Arcila, en Marruecos.

No obstante, un nutrido grupo de piratas, en su precipitada retirada, quedó aislado y sin embarcaciones en tierras sevillanas, dispersándose por el este y el sureste de Sevilla, por las tierras de Carmona y Morón, en donde el general Muhammad b. Rustum logró su rendición.

Cuenta la leyenda que estos normandos prisioneros se hicieron musulmanes y se instalaron en el valle del Bajo Guadalquivir, en donde se dedicaron a la cría de caballos y, en especial, a la industria lechera, labor en la que alcanzaron una rápida fama por la elaboración de sus reputados quesos, de los cuales nutrían tanto a Sevilla como a Córdoba.

Roger Collins indica que, después de este fatídico año de 844, los piratas normandos volvieron a invadir al-Ándalus al menos en cuatro ocasiones, durante los años 859, 966 y 971. En la primera de ellas, los piratas nuevamente atacaron Sevilla, consiguiendo incendiar la mezquita mayor de Ibn Addadas (la actual iglesia de San Salvador), aunque este ataque no tuvo parangón con el de 844; posteriormente, sabemos que atacaron varias localidades del Norte de África y del Levante.

Los reinos cristianos del norte de la Península tampoco se libraron de las andanzas de los piratas normandos que, aprovechando la debilidad ocasionada por las muertes sucesivas de Sancho el Craso de León, el Conde Mirón de Barcelona, García Sánchez I de Navarra y Fernán González de Castilla, lograron penetrar por las costas gallegas, en donde llegan a destruir Tuy, y por las cuencas de los ríos Miño y Duero.

Consecuencias de la invasión La invasión normanda al-Ándalus fue un hecho histórico no exento de consecuencias posteriores. En primer lugar, elevó a mitos populares a los generales Ibn Rustum y Nasr que, a partir de este momento, fueron considerados como salvadores de la patria, logrando alcanzar una gran influencia en las decisiones del soberano omeya hasta el final de su reinado. En segundo lugar, se hizo realidad la vieja reivindicación de la población de Sevilla de rodear la ciudad con una muralla defensiva que impidiera nuevos ataques de piratas y berberiscos, muralla que llegó a extenderse incluso a lo largo de la orilla del río. En tercer lugar, convenció a los emires omeyas de la necesidad de construir, a lo largo de toda la costa atlántica, mediterránea y levantina, puestos de centinela, pequeñas fortalezas

o ribat, defendidos por voluntarios musulmanes que se ofrecían por turnos para ejercer la vigilancia desde estas torres en una mezcla de afán de retiro espiritual y adiestramiento militar.

Flota omeya En cuarto lugar, el gobierno omeya inició una ardua labor de construcción de una gran flota guerrera y de naves de otro tipo, es decir, comenzó a interesarse por las cuestiones marítimas, hasta ahora un tanto marginadas de las prioridades políticas y estratégicas andalusíes; sabemos de la edificación y creación de astilleros y atarazanas y que el emir Muhammad I (852-

866) construyó una importante flota, sólo superada por la que el califa Abd al-Rahman III, en el año 956, construyó en Tortosa; sin duda, todas estas medidas surtieron su efecto para paliar y rechazar con éxito las posteriores razias de los vikingos de los años 859, 966 y 971.

En quinto lugar, como ha estudiado Mariano

G. Campo, estas confrontaciones guerreras generaron una labor diplomática por parte del gobierno omeya hacia los reinos del Norte, como lo demuestra la embajada hispano-musulmana de al-Gazal a los vikingos, con el fin de estabilizar unas relaciones pacíficas y detener las razias piratas. Por último, sin duda, la consecuencia de mayor calado político fue que la derrota de los normandos supuso para Abd al-Rahman II y para la política centralista de los gobernadores omeyas en al-Ándalus, una importante victoria moral que allanó el camino para frenar los intentos de autonomía y de rebelión de los diversos gobernadores de las provincias, a la vez que el control gubernativo de Córdoba se imponía por toda la España musulmana.

 

Juan Martos Quesada

LOS SIETE ESPIRITUS INFERNALES: SUS NOMBRES Y PODERES

Los Espíritus infernales correspondientes a los siete días de la semana, son los siguientes: Súrgat, Lucifer, Frimost, Astaroth, Silcharde, Bechard y Guland. Al primero de los cuales se evoca los domingos; al segundo los lunes; al tercero los martes, y así sucesivamente.

Ahora es preciso que sepas los poderes y facultades de cada uno de ellos, para evocarlos según tus conveniencias y necesidades.

SURGAT(demonio de las riquezas). Tiene el poder de desencantar los tesoros escondidos. Señala los lugares en donde se crían el oro, la plata y otros metales de valor y las piedras preciosas.

LUCIFER(demonio de las enfermedades). Tiene el poder de enfermar y curar a los hombres y a las bestias. Enseña las propiedades de las plantas curativas y venenosas.

FRIMOST(demonio de la destrucción). Enseña el manejo de las armas; siembra el odio, el espanto y la ruina; hace ruido en las casas; es el padre de las venganzas. Revuelve las aguas de mar; desencadena los vientos y tempestades; hace caer granizo y rayos adonde le place, etc,. Etc.

ASTAROTH(demonio de la suerte). Indica los medios de hacerse rico; enseña el gran secreto para ganar a la lotería y en todos los juegos de azar; revela el modo de hacer fortuna, triunfar en los negecios, etc.

SILCHARDE(demonio del dominio). Concede al que le evoca un poder dominador sobre los demás hombres; influye en el alma de los poderosos para conseguir de ellos toda suerte de beneficios, empleos y prebendas.

BECHARD(demonio del amor). Enseña a los hombres y a las mujeres el arte de amar; los secretos para hacerse irresistible en las lides amorosas; los medios para alcanzar el amor de una persona; para hacer reñir a los amantes; para destruir matrimonios; enseña el arte de componer filtros, etc,. Etc.

GULAND(demonio de la envidia). Tiene la facultad de hechizar, arruinar a las personas y la de enfermar y hacer morir a los animales domésticos y aves de corral. Insinúa los medios de echar en una casa la mala suerte y transtornos de toda clase. Enseña la manera de domeñar a las bestias feroces, etc,. Etc.

Agent Orange’s Bitter Harvest

agentenaranjaHANOI—Several children and young adults sit at a table, fiddling with plastic blocks and colored rings with the self-absorption of toddlers.

“We teach them small skills. How to wash hands. How to play with toys, distinguish colors,” explains Nguyen Thi Oanh, a teacher at Friendship Village, a rehabilitation center in Van Canh, west of Hanoi. The students, 9 to 24 years old but with limited mental development, will spend a few years here and then return to their home villages. During rehab, Oanh says, “some kids get a little bit better.” Others do not.

This scene may resonate among health workers around the world who have run similar rehab sessions. But in Vietnam, it resonates with the trauma of war. The 120 children and young adults from 34 provinces at Friendship Village share one thing in common: Their parents or grandparents claim to have been in areas where the U.S. military 4 decades ago used herbicides—the most notorious being Agent Orange—to destroy crops and strip forest canopy to flush out the enemy.

Vietnam claims that the children’s disabilities were caused by parental exposures to Agent Orange. Western scientists have long been at odds with their Vietnamese counterparts over the strength of evidence correlating exposure to dioxin—a toxic contaminant of the herbicide—and illnesses in individuals, particularly birth defects. “The Vietnamese government is using malformed babies as a symbol of Agent Orange damage,” says Arnold Schecter, a toxicologist at the University of Texas School of Public Health in Dallas, who remains cautious about making associations after studying Agent Orange for more than 20 years.

In Vietnam, there is far less ambiguity.

“The number of child victims could be in the 100,000s,” says Dang Vu Dung, director of Friendship Village, run on donations from overseas veterans. Countrywide, roughly 3 million people are Agent Orange victims, asserts Nguyen Trong Nhan, vice president of the Vietnam Association for Victims of Agent Orange/Dioxin (VAVA), a nongovernmental organization in Hanoi.

The long-term effects of Agent Orange may never be known, now that an ambitious attempt to analyze them has ended. Late last year, the U.S. Department of Defense pulled the plug on a 20-year-long health study of

U. S. veterans involved in Operation Ranch Hand, which sprayed 95% of the Agent New findings paint a more sinister picture of the Vietnam War herbicide; scientists are trying to revive an epic study of its effects on U.S. veterans and clarify its legacy in Vietnam

Orange and other herbicides used in Vietnam.

The $140 million research effort was “the most detailed study of human exposures ever done,” says epidemiologist Joel Michalek of the University of Texas Health Science Center in San Antonio, who until 2005 was a principal investigator of the Air Force study. The firmest link it uncovered was between Agent Orange and an elevated risk of diabetes. Otherwise, Michalek says, “there has been little or nothing to say—until now.” A cancer signal is just beginning to emerge from the data, he claims, as are subtle physiological changes such as suppressed testosterone levels and prostate growth.

The decision to halt Ranch Hand stunned many researchers. “It will be a tremendous loss to science if it is not continued,” says Linda Birnbaum, chief of the U.S. Environmental Protection Agency’s (EPA’s) experimental toxicology division in Research Triangle Park, North Carolina. A proposal to resurrect it is circulating on Capitol Hill. By law, the Air Force must transfer custody of existing Ranch Hand data and specimens to the

U. S. National Academies, which hopes to make them available for further research.

Another day of reckoning is on the horizon— this one for the Vietnamese who claim to have been injured by Agent Orange. This spring, in a U.S. appeals court, oral arguments are expected to begin in a class-action suit brought by Vietnamese citizens against Agent Orange manufacturers. (The claims had been dismissed by a lower court in 2005.) The claimants demand compensation like that given to U.S. veterans who handled Agent Orange and contracted certain illnesses. “It is time for the U.S. government and chemical companies involved in the war to take responsibility for the damage caused by their actions and products,” says epidemiologist Tuan Nguyen of the Garvan Institute of Medical Research in Sydney, Australia.

Bitter feelings threaten the blossoming relationship between the United States and Vietnam. “Agent Orange is a very sensitive, very delicate, very political issue—and very controversial,” Schecter says. In a small gesture, the U.S. government has pledged to assist Vietnam in cleaning up several hot spots where soil dioxin levels are sky-high.

Researchers from both countries hope this will kindle fresh interest in a joint probe.

“We are really ready for cooperation with the United States—as long as it is based on mutual benefits and mutual respect,” says toxicologist Le Ke Son, director general of Vietnam’s “national steering committee for the overcoming of the consequences of toxic chemicals used by USA in the war in Vietnam,” or simply “Committee 33.” But

U. S. experts have found Committee 33 rigid and opaque and therefore hard to work with.

Says Michalek, “Studies in Vietnam are going to be difficult.” True colors The U.S. and South Vietnamese air forces, mostly using military transport planes, began spraying herbicides in the fall of 1962. Over the next decade, they unloaded some 77 million liters of herbicides on 2.6 million hectares of south and central Vietnam. For the first few years, the main herbicide was Agent Purple, a mix of 2,4-dichlorophenoxyacetic acid (2,4-D) and two forms of 2,4,5-trichlorophenoxyacetic acid (2,4,5-T). Then in 1965, the military deployed Agent Orange, a faster-acting defoliant consisting of 2,4-D and a single form (n-butyl ester) of 2,4,5-T. In a painstaking reanalysis of herbicide use during the Vietnam War, Columbia University chemist Jeanne Mager Stellman and her colleagues estimated that over 6 years, 45 million liters of Agent Orange were sprayed (Nature, 17 April 2003, p. 681).

These agents were laced with a long-lived contaminant, 2,3,7,8-tetrachlorodibenzoparadioxin (TCDD). It’s unclear precisely how much dioxin rained down on Vietnam. Stellman’s group adopted a “conservative” value of 3 parts per million of TCDD in Agent Orange, although levels “could be fourfold or more higher,” they assert. About 10% of Vietnam took a direct hit.

By the late 1960s, Western researchers had evidence that 2,4-D and 2,4,5-T cause birth defects in mice; they were alarmed as well by anecdotal reports of birth defects in Vietnam attributed to the herbicides. In a resolution at its annual meeting in 1969, AAAS (publisher of Science) urged the Defense Department to “immediately cease all use of 2,4-D and 2,4,5-T in Vietnam.” As criticism of the war intensified, the U.S. military banned the herbicides in April 1970, although Ranch Hand operations didn’t cease until late in 1971, and South Vietnamese forces continued to dip into herbicide stockpiles until the war ended in 1975.

But whereas 2,4-D and 2,4,5-T “are not innocuous compounds,” Birnbaum notes, evidence soon pointed to a darker villain: dioxin.

A toxic trail In the past 3 decades, studies have revealed that dioxin causes many harmful effects in animals—birth defects, cancers, and endocrine disorders—sometimes at vanishingly low concentrations. In a rogue’s gallery of 75 known forms of dioxin, TCDD is the nastiest. “From fish through primates, it’s the most toxic,” Birnbaum says, perturbing “lots of different systems in the body.” Significantly, it binds to the aryl hydrocarbon receptor, a key regulatory protein.

As a result of this unholy coupling, dioxin throws a wrench into processes as diverse as normal homeostasis and aging. (Ukraine’s president, Victor Yushchenko, was deliberately poisoned with TCDD in 2004.)

It has, however, been difficult to probe for links between dioxin and human illness.

“Thank goodness, very few people in the world are ever exposed to high levels,” Birnbaum says. But those with high exposures—in rare occupational accidents and industrial disasters— have suffered chloracne, a severe skin disorder, and transient symptoms of poisoning.

Studies have also indicated that dioxin might trigger or abet cancer development and possibly heart disease years after exposure.

Exposures in Vietnam are hard to quantify.

Stellman’s team estimates that more than 3000 villages with at least 2.1 million people were “sprayed directly” with herbicides, although the number potentially exposed could be as high as 4.8 million. “There are no good records as to who lived in a certain village at a certain time,” says Michalek. In more than 30 trips to Vietnam since 1983 to document TCDD in humans, wildlife, food, and

Soil, Schecter and John Constable of Harvard University have found elevated dioxin levels in many of the roughly 4000 people they have tested. Schecter says that a handful of individuals living near a wartime herbicide storage area, Bien Hoa, had TCDD blood levels exceeding 400 parts per trillion. (The U.S. population averages 1 or 2 ppt.)

In the United States, in response to pressure from veterans’ groups, the Air Force in the late 1970s began planning a study to track the health of some 1200 Ranch Hand veterans and a control group: veterans not exposed to Agent Orange. The research also examined both cohorts’ roughly 8500 children. “We launched the study knowing next to nothing about the exposure profiles”—how much dioxin each vet absorbed, says Michalek, who started on the project in the late 1970s when he was with the Air Force Research Laboratory at Brooks Air Force Base in Texas.

With veterans blaming Agent Orange for an array of ills, the Air Force scientists opted for a broad approach to data collection—and took some heat for that. “The study was seen as seriously flawed,” asserts Stellman, who states that it began as “too much of a fishing expedition, measuring everything and anything with too few scientific hypotheses.” In 1987, Ranch Hand researchers began to measure dioxin levels in veterans’ blood samples. It was revelatory. “Many people who thought they were highly exposed actually were not,” says Birnbaum. “There were very few people with high levels.” Michalek and his colleagues sorted veterans into low-, medium-, or high-exposure categories. In 1995, that rough cut at estimating exposure turned up a clear hit: Diabetes risk increased with exposure. Over the next decade, however, other findings were frustratingly indistinct.

Michalek has since reanalyzed the data, zeroing in on veterans who were in Vietnam during or prior to 1968 and were involved in at least 90 days of herbicide spraying. He also excluded vets who spent more than 2 years in Southeast Asia. (Veterans in the control group with such extended deployments are at higher risk of cancer—possibly from exposure to DDT during a World Health Organization campaign in the 1960s to eliminate malaria in the region, Michalek speculates.) The new analysis uncovered “a stronger and clearer trend” of a dose-dependent risk for diabetes and cancer, says Michalek, who intends to submit his findings to a peer-reviewed journal later this month. He expects heavy flak: “Critics will accuse me of slicing and dicing the data,” he says.

He and others say it would be a mistake to walk away now. “Certain chronic effects can take years and years to develop,” says Birnbaum. And although some experts assailed the study’s design, a panel of the National Academies’ Institute of Medicine (IOM) concluded last year that “the data appear to be of high quality and the specimens well preserved.” The Air Force will transfer Ranch Hand data and specimens to the academies by the end of September. “If we subsequently receive funding to manage the assets and permission from the research subjects, we intend to make the materials available for further analysis,” says David Butler, an IOM senior program officer. And IOM next month will convene a panel to advise the Department of Veterans Affairs (VA) on how to apply the Stellman group’s exposure model to studies of

U. S. veterans. Michalek’s university, meanwhile, sent a proposal late last year to several members of Congress and key committees seeking support for a $2-million-per-year Ranch Hand extension.

Congress has intervened before: It passed the Agent Orange Act in 1991, mandating care for veterans known to have been exposed to Agent Orange. The act also called for a definition of illnesses attributable to Agent Orange, as a basis for compensating sick veterans.

Toward this end, the VA enlisted IOM to review the health effects of exposure to herbicides used in Vietnam. IOM’s landmark report, Veterans and Agent Orange, came out in 1994; by law it must be updated every 2 years until 2014. The latest update, published in 2004, concludes that there is “sufficient evidence of an association” between herbicide exposure and five ailments: chronic lymphocytic leukemia, soft-tissue sarcoma, non-Hodgkin’s lymphoma, Hodgkin’s disease, and chloracne (see table).

Of all categories of illness blamed on Agent Orange, the most divisive, perhaps, is birth defects. This “remains one of the most contentious issues in science,” says Nguyen of the Garvan Institute. According to VAVA’s Nhan, the rate of severe congenital malformations in herbicide-exposed Vietnamese populations is

2. 95%, compared to

0. 74% in nonexposed populations. Grandchildren are afflicted at a similar disproportionate rate, Nhan notes. Government publications about the herbicides are filled with heartrending pictures of deformed children. Reports of families with multiple malformed children abound.

In contrast, the IOM panel has noted “limited or suggestive” evidence linking herbicide exposure and one congenital defect: spina bifida, a malformation of the spinal Potent symbol. Children of parents or grandparents exposed to Agent Orange attend a rehabilitation center at Friendship Village near Hanoi; Vietnam blames their problems on Agent Orange.

Herbicides and Ill Health SUFFICIENT EVIDENCE OF AN ASSOCIATION Chronic lymphocytic leukemia (right) Soft-tissue sarcoma Non-Hodgkin’s lymphoma Hodgkin’s disease Chloracne LIMITED OR SUGGESTIVE EVIDENCE OF AN ASSOCIATION Respiratory cancer (lung and bronchus, larynx, and trachea) Prostate cancer Multiple myeloma Early-onset transient peripheral neuropathy Porphyria cutanea tarda Type 2 diabetes mellitis Spina bifida in offspring of exposed individuals Cord. For all other birth defects, the panel concluded that evidence for an association was “inadequate or insufficient.” This long-running debate has been reignited. A team led by Nguyen for the first time pooled published data with unpublished data from Vietnamese studies of veterans and sprayed civilians. Their meta-analysis of 22 studies, half of which were unpublished, found a “substantially greater” association between Agent Orange exposure and birth defects in Vietnamese populations than in U. S. veterans. Overall, people who believe they were exposed to Agent Orange were almost twice as likely to have a child with birth defects as were unexposed people, Nguyen’s group reported last October in the International Journal of Epidemiology.

The study has received mixed reviews. “I don’t think using unpublished data is a good way to do a meta-analysis,” says Schecter, who believes that poor nutrition, infections, and genetic flaws are responsible for most malformations seen in Vietnamese children. Michalek, on the other hand, says Nguyen and colleagues “did the best they could with available data.” Nguyen notes that the Vietnamese researchers have had a “hard time” submitting their findings to international journals.

“I certainly hope that they will publish their work,” he says.

Whether the health effects can be brought into sharper focus is unknown. A few years ago, prospects were looking good. In March 2002, the U.S. and Vietnamese governments signed a research framework to probe Agent Orange effects. “Agreeing to do the research is the easy part,” Anne Sassaman, then an official with the U.S. National Institute of Environmental Health Sciences (NIEHS), said at the time. “The more difficult task will be to develop research studies that are definitive and address the underlying causes of disease in Vietnam.” NIEHS thought it had a viable project in sight. In 2003, the agency committed $3.5 million to a study led by David Carpenter of the University at Albany in New York, to probe the possible relation between Agent Orange and birth defects. But talks over a

U. S.–Vietnam cooperation agreement foundered. “Without it, the research was impossible to implement,” says Committee 33’s Son. U.S. officials, including the ambassador to Vietnam and the health attaché, “worked very hard with the Vietnamese but ran into constant roadblocks,” says one

U. S. scientist. With talks stalemated, NIEHS shelved the Albany study in February 2005.

Seeking closure In a common room of a dormitory at Friendship Village, Tran Van Tham, a retired lieutenant in the Vietnam People’s Army, and several other veterans are lounging under a portrait of Ho Chi Minh, the leader with the white-streaked Fu Manchu mustache and goatee who orchestrated the North’s victory 30 years ago. Whereas disabled children stay for rehabilitation for up to 3 years, veterans cycle through for a month at a time for health checks. “We reminisce, but mostly are here to enjoy life. We feel better, spiritually,” says Tham.

Years ago, Tham’s two babies succumbed to hydrocephaly and other defects, he says.

He blames wartime Agent Orange exposure.

Nevertheless, Tham says, eyes glistening, “we can forgive American veterans.” But Agent Orange victims are a burden on Vietnam, he says. “We support our government’s policy to close the past and look to the future with the United States,” adds Nhan. “But we cannot ignore Agent Orange victims.” In 2000, Vietnam introduced a program to compensate people who claim disability from Agent Orange exposure. But Nguyen says that each person gets only a few

U. S. dollars per month. He estimates that Vietnam needs hundreds of millions of dollars to care for all victims.

In 2004, VAVA, exasperated after years of pleas for U.S. aid went unanswered, filed a class-action suit in U.S. District Court against 37 companies that supplied herbicide chemicals to the U.S. military during the Vietnam War. “We had hoped the United States would respond with goodwill and regarded the lawsuit as a last resort,” says Nhan.

The claims were dismissed in March

2005. In a 233-page decision, Senior District Judge Jack B. Weinstein ruled that the companies could not be sued as government contractors. Nor was he persuaded by the scientific case. “No study or technique presented to the court has demonstrated how it is now possible to connect the herbicides supplied by any defendant to exposure by any plaintiff to dioxin from that defendant’s herbicide,” he wrote. The decision “was a great surprise,” says Nhan. The plaintiffs appealed to the 2nd Circuit Court of Appeals in New York City, and oral arguments could be heard as early as April.

The plaintiffs’ first challenge is to convince the appeals court that the companies can be sued. If they succeed, they would then have to refute Weinstein’s conclusions about the science. “The fact that diseases were experienced by some people after spraying does not suffice to prove general or specific causation,” the judge wrote. “Proof of causal connection depends primarily upon substantial epidemiological and other scientific data.” That’s a tough argument to overcome, given the paucity of solid epidemiological data. To carry out a high-quality study of human health effects in Vietnam would require “a huge amount of money,” says Birnbaum. The “real hurdle,” adds Sassaman, who recently retired from NIEHS, “is to get the appropriate scientists and scientif ic expertise engaged in truly collaborative research.” With that in mind, she says, NIEHS has just launched a program to fund junior researchers from Vietnam and other developing countries to work up to 2 years in labs of NIEHS-funded scientists.

Others are taking direct action to eliminate dioxin hot spots in Vietnam. International experts, working with Vietnamese counterparts, have identif ied nearly 100,000 square meters of heavily contaminated soil in several places where herbicides were stored during the war, says Son.

Near Da Nang Airport, he says, TCDD levels in soil reach 35 parts per billion—35 times the permissible level. “Hundreds of thousands of tons” of soil will have to be dug up and stored or treated to remove dioxins, Son says. Last month, the Ford Foundation awarded $460,000 to Hatfield Consultants, an environmental firm in West Vancouver, Canada, to assist at Da Nang.

The U.N. Development Programme, with support from EPA and the Ford Foundation, is setting up a $60 million trust fund for cleanup efforts and to improve the economy of villages near the hot spots. Vietnam’s Ministry of Defense has already commenced cleanup at Bien Hoa. “We should get rid of these hot spots,” says Birnbaum. “We know that dioxin is bad stuff.” There may be no consensus on exactly how potent dioxin is as a cause of disease and disfigurement.

But people do seem to agree that purging the land of the last vestiges of the Vietnam War—particularly the chemical residues of Agent Orange—is something worth fighting for.

–RICHARD STONE

 

Science 2007