Lo que saben los brujos

De vez en cuando, por puro aburrimiento, o por esa curiosidad malsana que entra a veces, en especial en las horas más bajas de la confianza en la naturaleza humana, caí en un par de páginas web esotéricas, de esas que lo mismo te leen el futuro, te ayudan a recuperar a tus seres queridos o te venden un hechizo de amor por cien euros, dando por hecho, digo yo, que eso será lo que vale la pareja que pretendes conquistar a semejante precio.

Lo que más me sorprendió, y os desafió a que lo comprobéis (si tenéis estómago para semejante basura) fue la cantidad de faltas de ortografía que hay en esas páginas y en los anuncios de Adsense que contratan para que nos los calquen a los demás.

Por lo visto, es más fácil expulsar a los demonios, resucitar a los muertos y adivinar el futuro que aprender un poco de gramática y ortografía. Si no, es imposible comprender esos ánjeles, con J, esos hechar, con H, para echar mal de ojo, y hasta ese bidente, con B, que supongo yo que será alguien que te echa las cartas mientras se remoja la entrepierna en porcelana Roca.

Por mi parte, si un día voy a un brujo, que no creo, lo examinaré antes de demonología gramatical, carta astral aritmética y exorcismo geográfico. Y si no sabe dónde está Vitigudino o Antequera, mejor no preguntarle dónde está el purgatorio o dónde fue la bisabuela.

Vamos, digo yo…