Manual de exorcismo del siglo XVII: Síntomas por los que se sabe si alguien está hechizado o poseído por el demonio.

Para saber si una persona está poseída del demonio importa examinar las causa porque se juzga haber entrado en su cuerpo, pues algunas veces lo permite así Nuestro Señor para mayor honra y gloria suya y más merecimiento del hombre. Empero, de ordinario, los pecados son causa de este gran trabajo. Otras veces es la causa el demesiado sentimiento y la desesperación por alguna pérdida de los bienes temporales. Otras veces es la causa la maldición de los padres, y el ignorar los remedios contra las tentaciones del demonio, y por no acudir a tiempo a los doctos para tomar consejo.

Segundo: procurará saber el Exorcista de qué modo entraron los demonios en el cuerpo del enfermo, por que antes suelen aparecérsele en horrible y espantosa figura, y esto de noche y en lugares lóbregos y oscuros. Otras veces le espantan y atemorizan y le maltratan lastimosamente. Otras veces entran en forma d eaire, de raton, y de otros animalejos. Finalmente, algunas veces, parece que le derraman por las espaldas un vaso de agua fría, y que desde la cabeza a los pies se le pasea todo un ejercito de hormigas.

Unas de las señales de que hace mención la Sagrada Escritura es la inobediencia del Energúmeno, su obstinación y rebeldía a la ley de Dios y cosas tocantes a su santo servicio.

Segunda señal es una repentina enfermedad, que le incita furor, mordéndose las manos, echándose por el suelo, en el fuego, en el agua, y poniendose en peligro de acabar la vida.

Tercera señal es si se turba en presencia de las cosas sagradas, como es la Cruz de Nuestro Salvador, las reliquias de los santos, etc., y también del mismo Exorcista. No quiere pronunciar ni quiere oir palabras santas, rehusa tomar el agua bendita, y si se le obliga a acudir al santo sacrificio de la misa se pone furioso y echa espumarajos por la boca, y sus ojos, abiertos en demasía, miran extraviados.

Uno de los indicios más verdaderos es el hablar o entender latín, sin haber estudiado, y tratar muy doctamente de los altos misterios de la Fe y Sagrada Escritura, siendo un ignorante; y describir o revelar secretos y pecados que no puede saber sino el mismo que los cometió.

Finalmente, lo que más en cuidado pone al Exorcista es cuando el demonio, con capa de enfermedad, de tal modo se retira y esconde que s ehace dificultoso el conocerlo. En semejante caso aconsejo se dirija a Dios con oraciones y ayunos, y procure juntamente con los exorcismos quitar al demonio sus fuerzas; aconsejando también al enfermo a que de veras y de todo corazón se convierta a Dios por la frecuente confesión y sagrada comunión, y que con sus oraciones y limosnas solicite buen fin en tan alta empresa.